Anshel Sag, analista de la IA: «ChatGPT todavía se considera el Kleenex de la inteligencia artificial»

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Esta semana se ha podido saber que Amazon estaría negociando una inversión de 10.000 millones de dólares en OpenAI, llevando a la compañía creadora de ChatGPT por encima de los 500.000 millones de dólares.

Lo curioso es que, aunque es una cantidad de dinero descomunal, lo que realmente buscan ambas compañías es ganar ventaja estratégica. OpenAI necesita más potencia de computación para entrenar sus modelos de IA, mientras que Amazon quiere demostrar que sus chips Trainium pueden competir con Nvidia.

Charles Fitzgerald, que conoce bien el mundo de la nube y la infraestructura, deja bien claro el problema que actualmente tiene OpenAI.

No tiene dinero suficiente para pagar todo lo que prometió en la nube este año, ni siquiera una parte de todos esos compromisos que ha ido acumulando y que ya superan el billón de dólares.

Por eso, según Fitzgerald, la inversión de Amazon funciona más como un acuerdo circular: Amazon aporta 10.000 millones de dólares a OpenAI, y luego la empresa de Sam Altman los usa para pagar a Amazon por los servicios de computación en la nube. Un win-win en ambos sentidos.

«OpenAI intenta asegurar la mayor cantidad de computación posible, desde el mayor número posible de lugares», comenta. «ChatGPT todavía se considera el Kleenex de la IA”, añade Sag. «Si OpenAI utiliza su hardware a cualquier escala, es una gran validación».

La jugada de OpenAI: poner los huevos en distintas cestas

Lo cierto es que esta estrategia podría resultar bastante favorable para OpenAI. Estos no quieren depender de un solo proveedor, por lo que este nuevo acuerdo con Amazon le permite mantener un seguro de vida junto con Nvidia y Microsoft.

Por supuesto, y teniendo en cuenta que ahora jugará a ambos bandos con respecto a los chips de Amazon y Nvidia, esto va a servir a los primeros para ganar terreno y que dejen de ser vistos como secundarios.

Sag explica que la prioridad para OpenAI no es solo el dinero: es asegurar la capacidad de computación que necesita para entrenar modelos cada vez más grandes.

OpenAI factura 1.000 millones al mes, pero la carrera por la IA sigue quemando billetes sin parar

No cabe duda de que sus resultados son envidiables: ya está cerca de alcanzar los 700 millones de usuarios semanales y ha cuadruplicado este valor en solo un año, lo que demuestra que su herramienta estrella, ChatGPT, ha cogido carrerilla frente a otras competidoras. Hablamos de Gemini y Copilot, entre otras.

A este éxito se suma el que está teniendo su nuevo modelo de lenguaje, GPT-5.2. «Es nuestro modelo más potente hasta ahora para trabajos en matemáticas y ciencias», comentaban.

En base a todo esto, se puede concluir que OpenAI se encuentra en un momento dulce, aunque todo queda en eso, en una mera suposición, ya que la compañía es muy comedida a la hora de ofrecer sus datos financieros, aunque, en ocasiones, da alguna pincelada de cómo le está yendo en este aspecto.

La última en hacerlo ha sido su directora financiera, Sarah Friar, que, en declaraciones a CNBC ha dejado caer que aunque sus ingresos son impresionantes, ya que han ingresado 1.000 millones de dólares en un mes, la firma se enfrenta a presiones constantes debido a la demanda de potencia necesaria para la IA.

«Hay una voracidad actual de GPU y de potencia computacional», ha reconocido en una entrevista, comentando que el mayor problema de OpenAI es que las empresas que emplean sus modelos piden más de lo que la firma tecnológica es capaz de abordar.

Esto significa que el ritmo al que deben trabajar (y, en consecuencia, gastar en innovación) para satisfacer la demanda, no alcanzan a tener beneficios suficientes para compensar lo que dedican a ello. Es decir, todo lo que entra en ingresos, sale en gastos operativos.

Estas palabras coinciden con lo que dijo el propio Sam Altman hace un tiempo, cuando señaló que la empresa esperaba gastar mucho dinero en centros de datos para satisfacer la demanda del mercado.

«Nuestra apuesta es que nuestra demanda seguirá creciendo, nuestras necesidades de captación se mantendrán y gastaremos quizás de forma más agresiva que cualquier otra empresa que haya invertido alguna vez en algo que anticipe el progreso».

 

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