En estos momentos, OpenAI y su popular ChatGPT son la inteligencia artificial líder, al menos en lo que a éxito se refiere. Pero eso es algo que podría cambiar en el futuro. De hecho, el mandamás de la empresa, Sam Altman, lo teme bastante. Tanto, que ha reconocido que con frecuencia su empresa entra en lo que él mismo ha denominado «código rojo».
Tradicionalmente, un código rojo suele interpretarse como una situación de emergencia. Tratándose de inteligencia artificial, cualquiera podría pensar que se trataría de un problema de rendimiento, un fallo de seguridad o algún imprevisto por el estilo. Pues nada más lejos de la realidad. Parece que la principal preocupación de la empresa no es otra cosa que la competencia.
El código rojo de Sam Altman y OpenAI
Según revela Business Insider, el propio Sam Altman ha reconocido en declaraciones a un reciente podcast que OpenAI ha recurrido en varias ocasiones a un código rojo. De hecho, ha asegurado que «lo hacemos dos o tres veces al año», y que seguirá siendo así en el futuro. Su objetivo, dice, es no perder el primer lugar en la cada vez más complicada carrera de la IA.
Para Altman, un detonante fue la aparición de la empresa china DeepSeek, cuyos modelos prometían rendimiento competitivo a menor coste, y más recientemente el lanzamiento del nuevo chatbot Gemini 3 de Google. Aunque Gemini 3 al final no creó un impacto tan grande como se pensaba al principio, sí puso de manifiesto debilidades en la estrategia de productos de OpenAI.
De la misma forma, Altman ha explicado que los códigos rojos de OpenAI no son como en las películas, que las situaciones de tensión duran apenas unas horas o unos días. En su caso confiesa que son capaces de permanecer activados durante semanas, o incluso meses. Y se centran sobre todo en descubrir en qué les pueden comer la tostada otras IA y cómo remediarlo.
Tal y como el propio empresario ha explicado, esto suele consistir en dejar en un segundo plano el desarrollo de productos secundarios, redirigir ingenieros y acelerar lanzamientos. Por ejemplo, cuando han tenido que realizar un esfuerzo para lanzar modelos de IA más avanzados para tareas profesionales y generación de imágenes. Todo por no perder su lugar.
La IA, una cuestión de prioridades
Aunque en un principio estos protocolos de Sam Altman y OpenAI puedan parecer comunes, siendo similares, quizá, a los que llevan a cabo otras empresas de cualquier tipo, aquí la situación es más delicada. Al fin y al cabo de trata de inteligencia artificial.
O lo que es lo mismo, que da la sensación de que confirman lo que muchos expertos vienen denunciando desde hace tiempo; que las desarrolladoras de IA están más preocupadas por ser las primeras en todo que de los riesgos que su tecnología pueda ocasionar. Que no son precisamente pocos.


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