La llegada del Samsung Galaxy Fold en 2019 supuso uno de los mayores hitos tecnológicos de los últimos años, marcando una era que ha disgustado a algunos usuarios, pero ha atraído a otros con las nuevas generaciones, más elegantes y resistentes.
De esta forma, cada fabricante busca demostrar su poderío tecnológico con este tipo de innovaciones, como la triple pantalla del Huawei Mate XT o la extrema delgadez del Honor Magic V3.
Incluso Apple, que siempre se ha mantenido al margen del mercado de los móviles plegables, tiene intención de presentar uno este mismo año, previsiblemente a lo largo de septiembre con los nuevos iPhone 18 Pro y Pro Max.
Durante un experimento, un youtuber coreano decidió poner a prueba la durabilidad del Samsung Galaxy Z Fold 7, doblando en directo hasta 200.000 veces el dispositivo, la misma cifra que la compañía asegura que es capaz de aguantar.
Al llegar a unos 175.000 pliegues, ya comenzaron a aparecer problemas: el altavoz no sonaba al estar desplegado; el móvil se reiniciaba por un fallo del sistema, y el panel ya no era tan rígido al continuar doblándolo.
Ahora bien, la pantalla no presentaba ningún píxel muerto, ni en la bisagra ni en ninguna otra parte, además de que los sensores y las cámaras seguían intactos. Una cuestión que tiene que ver con la ciencia detrás de los móviles plegables.
Por qué un móvil es capaz de plegarse
Los móviles plegables se hicieron posibles cuando las pantallas OLED llegaron a este tipo de dispositivos, ya que los paneles LCD siempre requerían de una unidad rígida de retroiluminación.
Esto se explica por la forma de actuar de los píxeles OLED, que son moléculas orgánicas basadas en carbono que producen luz al entrar en contacto con la electricidad, y que están protegidos por una fina capa contra el oxígeno y la humedad.
Pero el OLED no se queda solo en los plegables, ya que este tipo de móviles requieren de materiales de alta gama, como la poliimida incolora (CPI), un polímero de alto rendimiento capaz de aguantar temperaturas muy elevadas.
O el denominado vidrio ultrafino (UTG), desarrollado mayormente por Corning y Shchott, y que es más delgado que un cabello humano; a dicha escala, este material consigue altas capacidades de elasticidad.
Y no solo la química o la electrónica son cruciales para la fabricación de un móvil plegable, ya que también entra en juego la física, para conseguir que la pantalla no se quiebre o que no entren motas de polvo al interior de la bisagra, algo que podría estropear el panel.
Volviendo a la prueba de durabilidad del youtuber, esto se puede apreciar alrededor de los 180.000 pliegues, el momento en el que falla el altavoz, probablemente debido a la fatiga causada en el móvil y a un problema derivado de señal eléctrica.
Más allá de esto, a pesar de que lo más comentado es la salida ligera de un líquido viscoso en este tipo de prueba de fatiga, seguramente se deba a algún tipo de lubricante para un cierre silencioso y suave de la bisagra o a la propia degradación química de los materiales.
En cualquier caso, los fabricantes tienen por delante un gran reto para este segmento, ya que casi todos los móviles plegables están por encima de los 1.000 euros, un límite que muchos consumidores no están dispuestos a superar.


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