Es oficial, adiós a las calderas y los radiadores: los paneles infrarrojos son la calefacción del futuro

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La calefacción puede representar hasta el 40 % de la factura de la luz en invierno y reducirla sin pasar frío es el objetivo de cualquier hogar.

Bajar el termostato un par de grados, programar horarios o sellar las rendijas de puertas y ventanas ayuda, pero son ajustes sobre un sistema que sigue siendo el mismo.

El problema no está en cómo lo usas, sino en cómo funciona. Los radiadores eléctricos y las calderas de gas son los sistemas más extendidos en España y también los que peor se adaptan a un objetivo de ahorro real.

Calientan el aire de la habitación, que sube hacia el techo, se enfría y vuelve a caer sin calentar a nadie de forma directa.

Y es que para mantener una temperatura estable en cada una de las habitaciones del hogar, exigen estar encendidos durante horas, con el consumo que eso implica.

Cabe mencionar que los paneles infrarrojos llevan décadas en uso industrial y comercial, pero en los últimos años han dado el salto definitivo al hogar con un argumento claro.

Funcionan completamente distinta a cualquier sistema convencional, y esa diferencia se traduce en menos consumo y más confort.

Qué son y cómo funcionan los paneles infrarrojos

Es importante mencionar que un panel infrarrojo no calienta el aire de la habitación, sino que emite radiación electromagnética de onda larga que calienta directamente las personas, los muebles y las superficies, sin necesitar el aire como intermediario.

Aunque no lo creas, es el mismo principio físico con el que el sol calienta la piel, donde el calor viaja en línea recta y se transfiere al primer cuerpo sólido que encuentra.

Los objetos y superficies absorben ese calor y lo liberan de forma gradual, lo que mantiene una temperatura estable durante más tiempo incluso después de apagar el panel. Además, no necesitas tenerlo encendido de forma continua para notar el efecto.

Se montan en la pared o en el techo mediante soportes, se conectan a la corriente eléctrica doméstica y no requieren ningún tipo de obra ni instalación de tuberías.

Puedes controlarlos con un termostato externo, un temporizador o desde el móvil si el modelo es compatible con domótica. Tampoco generan residuos de combustión y no necesitan revisiones anuales.

En cuanto al formato, tienen entre dos y tres centímetros de grosor y se fabrican en acabados muy distintos: blanco mate, negro, cristal templado o incluso con impresión personalizada que imita un cuadro o una fotografía.

Algunos modelos pasan completamente desapercibidos en la pared y no interfieren con ningún tipo de decoración. Significa que quedan en cualquier entorno; por ello están llamando mucho la atención en el mercado.

El ahorro frente a los sistemas tradicionales

Un radiador eléctrico convencional convierte la electricidad en calor por convección, con pérdidas inevitables porque una parte de esa energía se disipa en el aire antes de llegar a las personas.

Por otro lado, los paneles infrarrojos alcanzan una eficiencia cercana al 100 %, porque casi toda la electricidad que consumen se convierte en radiación directamente útil, sin pérdidas intermedias.

A eso se suma la posibilidad de gestionar la calefacción por zonas. Enciendes únicamente el panel de la habitación que estás usando en ese momento, sin necesidad de calentar toda la vivienda.

Frente a una caldera centralizada que calienta estancias vacías durante horas, el ahorro en el consumo diario puede ser considerable.

Comparado con una caldera o un radiador, el panel infrarrojo tiene un perfil de ventajas muy concreto: no genera ruido, no mueve el aire ni levanta polvo.

No necesita tuberías ni gas, no requiere revisiones periódicas obligatorias y es compatible con cualquier tipo de vivienda, incluidos los pisos de alquiler donde no puedes hacer obras.

Los modelos de calidad tienen una vida útil que supera los 25 años sin mantenimiento. En cuanto al coste, los paneles domésticos de calidad media oscilan entre 100 y 400 euros por unidad, según la potencia y el acabado.

La instalación no suele requerir un técnico especializado, lo que la diferencia claramente del coste de montar una caldera nueva o un sistema de bomba de calor.

Es importante mencionar que los paneles infrarrojos no son ninguna novedad, y es que lo que ha cambiado es su precio, su diseño y su accesibilidad para el uso doméstico.

Si quieres reducir la factura de la calefacción, el primer paso no es ajustar el termostato de tu caldera, sino preguntarte si esa caldera sigue siendo la opción más inteligente para tu hogar.

 

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