La inteligencia artificial se ha convertido en una de las tecnologías más prometedoras de nuestro tiempo, capaz de generar texto, analizar información, escribir código y acelerar procesos que hasta hace poco requerían intervención humana.
Sin embargo, algunas de las voces más influyentes del sector tecnológico creen que su desarrollo también plantea riesgos que no pueden ignorarse. Una de ellas es la de Tim Berners-Lee, el hombre que creó la World Wide Web.
Según recoge TechXplore, el informático británico expresó esta preocupación durante una entrevista concedida a AFP al margen del festival tecnológico SXSW celebrado en Londres.
Su advertencia es que, si el uso de los datos que alimentan los sistemas de inteligencia artificial no se controla adecuadamente, el resultado podría ser una situación muy problemática para la sociedad.
La IA necesita límites
Cabe señalar que Berners-Lee no cree que esta tecnología sea una amenaza por sí misma. De hecho, la considera un avance extraordinario con capacidad para mejorar numerosos ámbitos de la sociedad.
Su preocupación surge por la forma en que funcionan los modelos de IA actuales. Y es que para entrenarse necesitan enormes cantidades de información procedente de internet y de otras fuentes digitales.
Por ello, cuantos más datos reciben, mejores suelen ser sus resultados, pero el problema, según explica, aparece cuando las personas pierden el control sobre esa información.
Es importante que la gente utilice esta tecnología para asegurarse de que sus clientes, sus ciudadanos, tengan control sobre sus propios datos
Muchos usuarios desconocen qué datos se recopilan sobre ellos, cómo se utilizan posteriormente o quién tiene acceso a ellos, lo cual al final puede ser muy peligroso.
Para Berners-Lee, una inteligencia artificial alimentada por cantidades masivas de información personal sin mecanismos claros de supervisión puede concentrar demasiado poder y poner en riesgo la privacidad de millones de ciudadanos.
Por eso afirma que, si esta situación no se controla ahora, podría desembocar en consecuencias muy graves en el futuro próximo.
La propuesta para devolver el control a los usuarios
Durante los últimos años, Berners-Lee ha centrado gran parte de su trabajo en la protección de los datos personales. Una de sus iniciativas es Inrupt, una empresa creada para desarrollar sistemas que permitan a los usuarios conservar el control de su propia información.
También trabaja en Charlie, un asistente de inteligencia artificial diseñado para actuar como intermediario entre las personas y herramientas como ChatGPT o Claude, donde su función consistiría en analizar cada consulta y filtrar la información que se comparte.
Si detecta datos personales sensibles, puede modificarlos antes de enviarlos al modelo de IA. La idea es que las personas puedan beneficiarse de la inteligencia artificial sin renunciar al control sobre sus propios datos.
El hombre que ayudó a construir internet
Tim Berners-Lee es una de las figuras más importantes de la historia de la tecnología. En 1989, mientras trabajaba en el CERN, el laboratorio europeo de física de partículas situado en Suiza, ideó un sistema que permitía compartir información entre investigadores de manera sencilla y universal.
Aquella propuesta acabaría convirtiéndose en la World Wide Web, que, junto al ingeniero belga Robert Cailliau, ayudó a desarrollar las bases técnicas de la web moderna. Entre ellas destacan HTML, el lenguaje utilizado para crear páginas web, y HTTP, el protocolo que permite solicitar y recibir información a través de internet.
Una de sus decisiones más trascendentales fue no patentar la tecnología. Gracias a ello, la web pudo extenderse rápidamente por todo el mundo y convertirse en la infraestructura digital sobre la que hoy funcionan millones de servicios.
La advertencia de Tim Berners-Lee no es un rechazo a la inteligencia artificial, sino una llamada a desarrollarla de forma responsable. El creador de la World Wide Web cree que la IA puede aportar enormes beneficios, pero también insiste en que el control de los datos debe permanecer en manos de los usuarios.
Para él, el futuro de esta tecnología dependerá de que conserve el mismo principio que inspiró internet desde sus orígenes: poner a las personas en el centro y no convertirlas únicamente en una fuente de información para las máquinas.


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