Si aún dudas si elegir un móvil de los denominados «tontos» o un móvil inteligente, quizá en lo que deberías pensar más bien es en si quieres que la batería se agote rápidamente o te aguante mucho más y tenga funcionalidades adicionales. En los móviles que no son inteligentes aún se puede extraer la batería, como uno de los que he probado aquí, un modelo de Nokia apto para personas mayores o usuarios que no necesiten WhatsApp ni conexión a internet –al menos no de forma tan cómoda como uno táctil, ya que es posible acceder a un navegador primitivo–.
Las baterías extraíbles son un reclamo constante para los móviles inteligentes o smartphones, ya que poder cambiar este tipo de componente ahorraría mucho dinero a usuarios que simplemente quieren seguir utilizando su terminal de siempre, pero con una batería nueva.
Y aquí todo depende del material con el que se fabrican las baterías. Las antiguas llegaban con materiales que tenían una carga extremadamente lenta, mientras que las modernas, de iones y polímero de litio, han revolucionado totalmente el sector de la tecnología de consumo.
Antes cargar un móvil podía derivar en que la batería se hinchara notablemente e incluso acabara reventando, pero ahora eso supone un porcentaje prácticamente anecdótico y generalmente se debe a un mal uso del voltaje, una mala conservación o a un cable en mal estado.
He probado a cargar 3 móviles totalmente diferentes entre sí durante una noche entera: un móvil de última generación con las especificaciones más elevadas, un gama media de hace pocos años y un Nokia indestructible que no es inteligente. Esto es lo que me he encontrado.
Las grandes diferencias entre los móviles inteligentes y los ‘tontos’
A pesar de que las baterías ya son de ion-litio y han mejorado considerablemente cómo nos relacionamos con la tecnología, para no pasar horas y horas pendientes de un móvil mientras está conectado a una toma de corriente, aún existen algunas diferencias que deberías conocer antes de elegir.
Es cierto que los móviles tontos, los que aún conservan el teclado mecánico o apenas tienen acceso a pocas aplicaciones, como mensajes, llamadas o calendario, aguantan muchas más horas de uso que los inteligentes, pero no tiene nada que ver con la batería, sino más bien con las capacidades.
En el caso de los procesadores de los smartphones, incluso en los que sean de gama de entrada, el consumo de los núcleos de la CPU y la GPU implica un gasto más elevado en la batería, además de las características de la pantalla –un panel con 120 Hz de refresco siempre consume más– y las aplicaciones y servicios que se ejecutan en segundo plano para que el móvil vaya algo más rápido en los arranques.
Básicamente, se necesita una batería de entre 4.500 mAh y 6.000 mAh para que el móvil pueda alcanzar 1 o 2 días de uso, dependiendo también de las aplicaciones en segundo plano, eficiencia energética de los componentes o de la refrigeración disponible en este tipo de dispositivos.
Adicionalmente, hay aplicaciones que pueden provocar picos puntuales de caída en picado de la batería, como son los videojuegos, las cámaras que permiten grabación de vídeo en 4K o el navegador GPS, además del calentamiento que provocan, que también afecta a la autonomía.
Según los fabricantes, la decisión de incluir la batería soldada y sin posibilidad de extracción es que puede existir algún derrame accidental sobre el móvil, ya sea agua o polvo, lo que provocaría una reacción química en el terminal que lo dejaría inutilizable. Sea como sea, esto también puede pasar con el chasis desmontable que llega en los móviles de última generación, aunque se reduzcan las probabilidades.
En el caso de los móviles tontos, el calentamiento del terminal no se siente en ningún momento, precisamente por la omisión de tareas y procesos en segundo plano, además de que no existen conexiones o módems que favorezcan este tipo de temperaturas.
La autonomía, por otro lado, llega a la semana de duración sin despeinarse con una batería de apenas 1.000 mAh, debido a que el dispositivo entra en una especie de suspensión al no recibir llamadas, por lo que siempre estos terminales aguantarán mucho más tiempo de uso, tanto con la pantalla activa como con ella pagada. Pero, ¿qué ocurre durante la carga?
Lo que ocurre con 3 móviles totalmente diferentes cargando durante toda la noche
Para poner a prueba lo que ofrecen un conjunto amplio de los móviles del mercado, he usado terminales muy distintos: un móvil de última generación (2026) con las características más elevadas del mercado, 8.400 mAh y una carga rápida de 80 W –hay cargas superiores–; un Xiaomi POCO de hace ya varios años con una batería de 6.000 mAh y carga rápida de 18 W, además de un Nokia «tonto» de 800 mAh y con batería extraíble, con carga mediante micro USB 2.0, sin posibilidad de carga rápida.
Para desmarcar este último de los anteriores, lo primero que he notado es que con una carga de aproximadamente 1 hora en condiciones normales, la batería no ha aguantado más de 1 hora al máximo nivel, con llamadas y pantalla activa, por lo que este tipo de móviles han de dejarse cargando toda una noche, al menos durante las 8 horas de sueño. Es la práctica más habitual y recomendable para estos terminales.
Por supuesto, con la pega de que necesitarás un cargador apto para este tipo de puertos, una grandísima desventaja a lo que ofrece el USB de tipo C habitual de casi todos los móviles del mercado.
En el caso del Xiaomi POCO, un móvil de gama media bastante resultón, su carga rápida de 18 W es la que te podrías encontrar en muchos de este tipo de terminales asequibles. Aunque pueda parecer una gran mejora respecto al anterior y aunque carga bastante rápido, también es uno de los que dejaría cargando durante toda la noche.
Pero en este caso con varias mejoras, ya que permite una carga inteligente, lo que quiere decir en la práctica que tendrás una mayor eficiencia en el desgaste con el paso de los años. Aunque aquí lo mejor es cargar entre el 20% y el 80% para que la batería pueda alcanzar muchos más años que dejarlo cargando durante toda la noche.
Finalmente, lo mejor ha llegado con el móvil tope de gama de 80 W de carga rápida, ya que con apenas 10 minutos de carga lo puedes volver a usar sin que esto afecte negativamente a largo plazo a la autonomía del dispositivo. Además de que, en este caso concreto, cuenta con carga inteligente, modo separado –si lo utilizas al mismo tiempo que lo cargas– y se desconecta automáticamente al llegar al 80% si así lo prefieres.
En definitiva, los últimos móviles con carga inteligente son los mejores que puedes elegir si vas a dejar el terminal cargando durante toda la noche, ya que evitarás que la batería se sobrecargue y, con ello, tu móvil aguantará mucho más tiempo al máximo nivel.










