Los robots han dejado de ser una rareza y empiezan a colarse en la vida cotidiana, sobre todo a través de modelos comerciales como los de la marca china Unitree, que sirven como plataformas de prueba en diversas áreas.
Un ejemplo es el robot humanoide que ha alcanzado la cima del volcán Chimborazo en Ecuador a 6.190 metros de altitud para demostrar hasta dónde puede llegar la robótica en condiciones extremas.
El dispositivo llamado Pemba avanzó de forma autónoma en varias fases del ascenso, pero en las zonas más arriesgadas tuvo que ser cargado y transportado por los alpinistas, por lo que no lo hizo por sí solo en todo el recorrido.
Pemba es un Unitree G1 adaptado para alta montaña
Cabe señalar que Pemba es un robot Unitree G1, un modelo comercial fabricado por Unitree Robotics, empresa china especializada en robótica humanoide y de movilidad.
El ingeniero Pablo Berlanga y su empresa Geologic Dome, dedicada a la conservación ambiental, tomaron esta base comercial y le aplicaron adaptaciones para operar en la alta montaña.
Instalaron sistemas de gestión térmica avanzados, modificaciones en el software de navegación, inteligencia artificial y refuerzos en la estructura para resistir las variaciones bruscas de temperatura propias de más de 6.000 metros.
El Unitree G1 es un robot humanoide de tamaño intermedio diseñado para moverse en terrenos complejos sin necesidad de pistas controladas. Su base incorpora equilibrio dinámico, capacidad de locomoción sobre superficies irregulares y cierta autonomía en la toma de decisiones durante el movimiento.
Lo que hace de Pemba una variante distinta es que todo ese sistema fue sometido a condiciones que ningún robot de este tipo había enfrentado de forma documentada, como altitud extrema, frío, pendientes pronunciadas y ausencia de infraestructura.
La autonomía fue parcial solo en pendientes menores a 30 grados
Es importante mencionar que el ascenso al Chimborazo no fue una operación totalmente autónoma, ya que Pemba avanzó solo en tramos con pendientes inferiores a 30 grados donde el terreno permitía un equilibrio estable.
En esas secciones, el robot pudo planificar su propio camino, ajustar su postura, así como mantener el ritmo sin intervención humana. Pero en las zonas más arriesgadas con superficies más técnicas, el robot no logró mantenerse estable.
Este detalle es clave para entender el estado real de la tecnología, porque no estamos hablando de un robot que supera todos los límites, sino de un sistema que ya funciona en condiciones extremas, pero con margen claro de mejora.
El objetivo no es el alpinismo, sino validar tecnología para usos prácticos
El proyecto de Pemba al Chimborazo tiene como objetivo validar sistemas autónomos que puedan operar en zonas remotas y hostiles con aplicaciones concretas en vigilancia ambiental, monitorización de glaciares, gestión de residuos y rescate en terrenos inaccesibles.
Geologic Dome, la empresa de Pablo Berlanga, busca reemplazar redes de miles de cámaras fijas de monitoreo por un agente móvil capaz de recorrer el terreno, tomar datos en tiempo real y transmitir información en zonas donde sería imposible mantener una infraestructura fija.
Un robot humanoide en este contexto no es un espectáculo sino una herramienta que puede reducir costes operativos, aumentar la cobertura de datos, pero también permitir operaciones que ni siquiera son posibles con sistemas estáticos.
El robot de Unitree es en esencia un banco de pruebas móvil, ya que cada medición de temperatura, consumo energético, resistencia de articulaciones y estabilidad en pendientes se convierte en un dato para el siguiente modelo.
El Everest es el siguiente paso
El proyecto tiene un objetivo más ambicioso, que es escalar el Everest como parte de la iniciativa Triple Crown, que busca demostrar que un robot humanoide puede operar en el punto más alto del planeta.
Cabe señalar que el plan incluye pruebas entre el Campo Base y el Campo IV del Everest a 8.000 metros donde se medirán la eficiencia de la batería, la resistencia de las articulaciones y el rendimiento en temperaturas extremas.
Pero el verdadero freno para esta próxima misión es que Nepal no tiene marco legal para expediciones robóticas en el Everest, ya que el gobierno aún no ha regulado cómo se autorizan, gestionan y supervisan las expediciones de robots en la montaña.
Eso significa que el robot puede en teoría resistir el frío, así como la altitud pero no puede conseguir el permiso para entrar, por lo que la burocracia es en este caso el límite más difícil de superar.


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