Enjuagar los platos antes de meterlos en el lavavajillas es algo normal, pero es un error. Muchas personas lo hacen para ayudar a la máquina, evitar malos olores o asegurarse de que la vajilla saldrá más limpia.
Pero según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), este gesto no solo es innecesario, también puede reducir la eficacia del lavado. Se piensa que la máquina funciona mejor si platos, vasos y cubiertos llegan casi limpios al interior.
No obstante, en realidad, los detergentes actuales están formulados para actuar sobre restos normales de comida, no sobre superficies aclaradas previamente bajo el grifo. Tal como recoge Europa FM, el lavavajillas también desmonta otro mito.
Y es que no siempre lavar a mano es más eficaz ni más eficiente, ya que el electrodoméstico trabaja con temperaturas que suelen moverse entre 50 y 65 grados, un rango difícil de mantener de forma cómoda en el fregadero.
Un ciclo puede situarse aproximadamente entre 10 y 16 litros, mientras que aclarar y fregar con el grifo abierto dispara el gasto sin mejorar necesariamente el resultado. Por eso el prelavado acaba siendo un hábito con poco sentido práctico.
Las enzimas necesitan suciedad para hacer su trabajo
Las enzimas actúan sobre restos orgánicos concretos, como proteínas o almidones. Es decir, restos de huevo, pasta, arroz, leche, carne o comida pegada, cuya función es descomponer esa materia para que el ciclo pueda retirarla mejor.
Eso no significa que la máquina deje de limpiar por completo, pero sí que parte de su fórmula pierde utilidad. Es decir, se está usando un producto diseñado para atacar restos que el usuario ya ha eliminado gastando agua.
El segundo motivo tiene que ver con los agentes contra la grasa, como los tensioactivos del detergente, que trabajan de otra forma.
No “descomponen” igual que una enzima, sino que ayudan a separar la grasa de la superficie del plato para que el agua pueda arrastrarla. Aquí entran restos de aceite, salsas, mantequilla o grasa adherida.
Si la vajilla entra demasiado aclarada, el proceso químico pierde parte de su objetivo, ya que la máquina seguirá funcionando, pero se habrá hecho antes una tarea que el propio ciclo estaba preparado para resolver. De otro modo, el usuario gasta agua, tiempo y energía para empeorar una parte del trabajo del detergente.
Cómo preparar los platos sin malgastar agua
La recomendación no consiste en meter platos llenos de comida, ya que los restos grandes pueden atascar el filtro, generar olores o dejar partículas dentro de la máquina. Lo correcto es retirar lo sólido antes de cargar el lavavajillas.
Cabe mencionar que la diferencia está en cómo hacerlo, y basta con pasar una servilleta usada o una esponja ligeramente húmeda para quitar trozos grandes. No hace falta poner cada plato bajo el chorro de agua ni dejarlo casi limpio antes del ciclo.
El lavavajillas está pensado para encargarse del resto. Si se carga bien, se usa un programa adecuado y se mantiene limpio el filtro, el resultado suele ser mejor que el prelavado manual.
Es importante mencionar que el mito del prelavado sigue vivo, pero acaba provocando más gasto y puede restar eficacia al detergente. La forma más inteligente de usar el lavavajillas es retirar los restos grandes, cerrar la puerta y dejar que el ciclo actúe.


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