Cada vez son más las voces que se posicionan sobre la inteligencia artificial. La mayoría de expertos suelen coincidir en los beneficios que tiene emplear herramientas como ChatGPT, por mucho que también alerten sobre una más que probable pérdida de empleos. Sin embargo, hay otro asunto que preocupa, de manera generalizada, a los especialistas: las repercusiones a largo plazo.
No es la primera vez que alguien da la voz de alarma y augura que depender en exceso de la IA puede tener consecuencias en el propio cerebro humano. Algo así como que este termine por adormecerse a lo largo del tiempo. De hecho, también se habla de que el espíritu crítico será fundamental en los tiempos de ChatGPT. Un estudio parece corroborarlo, y las reacciones no se han hecho esperar.
Abusar de la IA, algo perjudicial para el cerebro
A estas alturas, nadie duda que el cerebro es como un músculo: cuanto más lo ejercitas, más fuerte se vuelve. Prueba de ello es la propia percepción del paso del tiempo: si entras en rutina, este órgano se «acomoda» y todo parece acontece más deprisa que si lo enfrentas a nuevos desafíos diarios. Desde el punto de vista de la IA, algo similar parece suceder con el empleo de ChatGPT.
Sobre todo, cuando su utilización se convierte en costumbre. Según el propio MIT norteamericano, es algo que se pudo apreciar en estudiantes. Como señalan diferentes medios internacionales, aquellos jóvenes que se ayudaron de ChatGPT para llevar a cabo sus tareas académicas más comunes experimentaron una caída en la actividad cerebral de entre el 45 y el 55%.
La investigación, que no ha tardado en dar la vuelta al mundo, también ofrece otro dato cuanto menos preocupante. El 83,3% de las personas que tiraron de ChatGPT para redactar textos, no eran capaces luego de recordar absolutamente nada sobre los mismos. Algo que los expertos no dejan de repetir: la IA puede, simplemente «apagar» el cerebro, debilitarlo poco a poco.
Parece demostrado, sobre todo, que ChatGPT, aunque útil en según qué usos, es un enemigo declarado de dos actividades imprescindibles del cerebro: la memoria y la creatividad. Por no hablar de otra amenaza: terminar por crear una gran dependencia en torno a esta herramienta. Algo que, curiosamente, no sucede (o sucedía) con otras alternativas tecnológicas ya más clásicas.
Google, la alternativa «cerebral» a ChatGPT
A raíz de las conclusiones llevadas a cabo por el MIT, mucha gente ha podido preguntarse: bueno, ¿no se trata de eso, de que la tecnología nos haga la vida más cómoda? O dicho de otra forma: ¿no ha podido suceder siempre así, desde un punto de vista cognitivo? En realidad, son los propios expertos quienes han respondido, y tienen claro que no.
Un ejemplo claro: Google. Aunque el buscador convencional puede usarse de forma similar a ChatGPT, los estudios llevados a cabo demuestran que con él la actividad cerebral se mantiene más alta. Su explicación es sencilla: aunque práctico, requiere seleccionar, buscar, filtrar… Es decir, esfuerzos que la IA, incluso a día de hoy, ya deja en un segundo plano opcional.


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