Bill Gates, experto en IA: «No hay ningún plan para la conmoción que provocará la inteligencia artificial»

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La tecnología avanza a una velocidad difícil de seguir, pero la inteligencia artificial lo está haciendo todavía más rápido. Cada nuevo modelo es capaz de asumir más tareas y abaratar procesos que antes dependían completamente de personas.

Eso puede traducirse en enormes mejoras de productividad, aunque también puede convertirse en un problema si la economía no tiene tiempo para adaptarse, y Bill Gates lleva meses alertando precisamente de este riesgo.

El cofundador de Microsoft cree que la IA puede transformar el empleo con una rapidez muy superior a la de otras revoluciones tecnológicas y ha dicho que todavía no existe un plan suficiente para afrontar la conmoción social, política y económica que podría provocar.

En un ensayo publicado en su blog personal, Gates sostiene que la automatización podría desplazar trabajadores en prácticamente toda la economía y el impacto no se limitaría a trabajos manuales o repetitivos.

También alcanzaría profesiones de oficina y podría dificultar especialmente la contratación de jóvenes y empleados sin experiencia, obligando a replantear cómo se entra y se progresa en el mercado laboral.

La IA también puede sustituir trabajo intelectual

Una de las diferencias que Bill Gates señala frente a anteriores revoluciones tecnológicas está en el tipo de tareas que ahora pueden automatizarse.

Hoy, la inteligencia artificial ya puede escribir código, trabajar en la industria de las ventas, análisis de datos, atención al cliente, trabajo jurídico, así como en determinadas funciones sanitarias. La robótica ampliaría después ese impacto hacia profesiones físicas.

Gates menciona ámbitos como la construcción y la hostelería, donde máquinas más capaces podrían empezar a competir con trabajadores hacia finales de esta década.

Eso explica por qué ha llegado a advertir que la IA podría convertirse en “la peor fuente de injusticia” si sus beneficios terminan concentrándose mientras el coste de la transición recae sobre millones de trabajadores.

Por ello, su preocupación no distingue entre empleos de cuello blanco y cuello azul. Los puestos de entrada y nivel intermedio serían especialmente delicados.

De este modo, si una empresa puede automatizar parte de esas tareas, contratar a alguien sin experiencia resulta menos atractivo, y aquí es donde la IA será más rentable, pero al final eliminará ese empleo.

Bill Gates no quiere frenar la tecnología

La advertencia no significa que Gates vea la IA únicamente como una amenaza. Sigue defendiendo que puede acelerar avances en energía limpia, agricultura, salud y otros grandes desafíos mundiales, pero la cuestión es cómo repartir esos beneficios.

Entre sus propuestas aparece la idea de reservar determinadas funciones para personas incluso cuando una máquina pudiera realizarlas.

También plantea estudiar impuestos sobre robots y sobre el uso de tokens de IA para financiar formación y protección social, especialmente si la automatización reduce los ingresos fiscales ligados a los salarios.

Del mismo modo, ha pedido crear organismos nacionales de coordinación capaces de conectar empleo, educación, economía, seguridad y salud.

A más largo plazo, propone también una nueva organización internacional dedicada a gestionar los riesgos de esta transición y facilitar cierta cooperación entre grandes potencias.

La IA puede ayudarnos a producir más, pero si cada vez necesitamos menos trabajo humano para generar esa riqueza, el gran reto ya no será tecnológico. Será decidir cómo evitar que una herramienta diseñada para ampliar nuestras capacidades termine ampliando también las desigualdades.

 

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