He conseguido que mi WiFi llegue más lejos sin cambiar el router ni gastar un solo euro

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Cuando el WiFi en casa presenta deficiencias y no llega a todas las habitaciones, la reacción habitual de muchas personas es asumir que el router es insuficiente y comprar repetidores, sistemas Mesh o PLC será la solución.

Sin embargo, antes de realizar cualquier inversión económica, es importante echar un vistazo a la configuración de tu enrutador y hacer un pequeño ajuste para solucionar cualquier fallo.

Cabe destacar que una gran parte de los routers instalados, incluidos los modelos básicos que ceden las operadoras, operan por debajo de su capacidad real debido a una limitación de software activada por defecto.

Antes de invertir en repetidores, ajusta la potencia de señal de tu router

Es importante mencionar que el rendimiento de tu conexión inalámbrica depende directamente de un parámetro técnico denominado Potencia de transmisión (o Transmit Power en inglés).

Aunque el hardware tenga antenas capaces de emitir una señal robusta, es frecuente que los fabricantes o los proveedores de servicios entreguen los dispositivos con un perfil de energía conservador.

Esta limitación suele responder a estrategias de ahorro energético o a intentos de minimizar interferencias en edificios con alta densidad de vecinos, pero que al final termina por afectar la calidad del WiFi en todo tu hogar.

El resultado es que estás desaprovechando la capacidad total del enrutador, generando pérdidas de velocidad que no se deben a una falta de capacidad del equipo, sino a una configuración que restringe su alcance.

Cómo mejorar la señal del router WiFi

Para corregir este desajuste, debes acceder al panel de administración del dispositivo. El proceso implica introducir la dirección de la puerta de enlace (habitualmente 192.168.1.1 o 192.168.0.1) en la barra del navegador y utilizar las credenciales de usuario y contraseña que te proporcionó tu operador.

Dentro de la interfaz, es necesario localizar los ajustes avanzados de la red inalámbrica, comúnmente etiquetados como WLAN, Radio o Wireless. En este menú se encuentra el selector de potencia de transmisión.

Si el valor está configurado en Medio, Bajo o un porcentaje inferior al 100 %, estás desperdiciando capacidad. Y es que la optimización requiere elevar este parámetro al máximo en las dos bandas de frecuencia:

En el canal de 2,4 GHz es fundamental para mejorar el alcance, así como la penetración a través de muros y obstáculos sólidos. Mientras que en el canal de 5 GHz es una situación prioritaria para obtener la máxima velocidad de transferencia en distancias medias y cortas.

Este ajuste altera la energía física con la que emiten las antenas. La potencia se mide en miliwatios (mW) o decibelios-miliwatio (dBm), donde muchos routers inalámbricos vienen limitados de fábrica a unos 50 mW.

Pero al desbloquear el ajuste al 100 %, puedes forzar la emisión hasta el límite legal (habitualmente 100 mW en 2,4 GHz), lo que supone duplicar la intensidad de la señal radiada.

Debes tener en cuenta que, aunque este cambio mejora significativamente la estabilidad y el área de cobertura, no altera las propiedades físicas de los materiales. Si tu vivienda tiene muros de hormigón o piedra muy gruesa, la atenuación seguirá existiendo.

No obstante, en la mayoría de las construcciones modernas de ladrillo, este aumento de potencia es suficiente para estabilizar la conexión en habitaciones donde antes se cortaba.

Ventajas de subir la potencia y hasta dónde se le puede pedir

Cuando incrementas la potencia de transmisión, la primera mejora suele notarse en la cobertura de las habitaciones más alejadas del router. Zonas donde antes la señal era inestable pueden pasar a tener una recepción más sólida.

Al moverte por la casa con el móvil o el portátil se reducen los cortes o las reconexiones constantes. Algunos dispositivos que sufrían microcortes, como televisores conectados por WiFi o altavoces inteligentes, tienden a ganar estabilidad.

Sin embargo, conviene mantener los pies en el suelo, porque no vas a transformar una conexión de 300 MB en otra de 1 GB. Tampoco vas a arreglar un router saturado por decenas de dispositivos, con un firmware desactualizado o colocado en un lugar pésimo.

Subir la potencia ayuda, pero no repara decisiones de instalación claramente malas, porque también existen efectos secundarios posibles. En entornos muy densos, con muchas redes cerca, una potencia más alta puede generar más interferencias con los vecinos y aumentar el ruido del espectro.

Del mismo modo, el consumo eléctrico del router puede subir ligeramente, aunque en un hogar medio esa diferencia es pequeña. En pisos de tamaño reducido, forzar el 100 % quizá no aporte nada relevante respecto a un valor intermedio, porque la señal ya llega sobrada.

Qué significa subir la potencia WiFi y qué límites tiene

La potencia de transmisión es, en la práctica, la fuerza con la que el router lanza sus ondas WiFi a través de las antenas. Esa energía se mide en miliwatios (mW) o en decibelios-miliwatio (dBm).

En casa, la mayoría de routers se mueven en un rango moderado, alrededor de 50 a 100 mW, que suele equivaler a unos 17–20 dBm. No puedes llevarlo donde quieras, porque existen límites regulatorios para evitar que cada equipo se convierta en una pequeña emisora sin control.

Por eso no se trata de multiplicar por diez la potencia ni de convertir tu red en un foco de interferencias. Lo que haces al tocar este ajuste es aprovechar el margen que deja el fabricante, y es que muchos equipos vienen configurados por debajo del máximo posible y permiten aumentarlo desde el software.

Subir al valor más alto disponible no cambia la velocidad contratada, no te da más megas, pero sí puede hacer que esa velocidad llegue mejor a zonas donde antes la señal era débil. En otras palabras, no compras más ancho de banda, mejoras la probabilidad de tener una conexión estable.

Otros cambios rápidos que pueden sumar junto a la potencia

Si decides tocar la potencia, merece la pena aprovechar para revisar dos o tres factores adicionales sin gastar nada. El primero es la ubicación del router. Evita esconderlo en muebles cerrados, tenerlo en el suelo o dejarlo pegado a una esquina.

Un punto algo más central, elevado y despejado suele dar resultados mejores sin tocar nada más. El segundo factor es el canal WiFi que, aunque no quieras meterte en análisis complejos, puedes probar canales distintos a los que vienen por defecto.

Algunos routers incluyen un modo de selección automática que escanea el entorno y elige el canal menos saturado. Activarlo puede aportar un plus de estabilidad, sobre todo en bloques con muchas redes activas.

El tercero es la gestión de las bandas, donde unificar las redes de 2,4 y 5 GHz bajo un único nombre simplifica la vida si no quieres pensar en ello, pero separar ambas te permite decidir qué dispositivos se conectan a cada una.

Por ejemplo, puedes reservar la de 5 GHz para equipos que requieren más velocidad y dejar la de 2,4 GHz para dispositivos IoT o equipos alejados. Todo esto refuerza la misma idea, que hay margen para mejorar la señal del WiFi sin pasar por caja.

Antes de comprar repetidores, PLC o un sistema mesh, conviene exprimir el router que ya tienes instalado. Revisar la potencia de transmisión es un gesto sencillo, al alcance de cualquier usuario dispuesto a entrar dos minutos en el panel de configuración.

No requiere conocimientos avanzados, solo saber qué parámetro estás modificando y por qué. Tomarte este tiempo, forma parte de una gestión responsable de tu red doméstica, ya que conoces mínimamente el equipo, no dependes solo de la configuración de fábrica y evitas compras que quizás no necesitas.

Si el WiFi se queda corto, el primer paso no tiene por qué ser sacar la tarjeta de crédito, sino ajustar con cabeza la forma en que el router está emitiendo la señal. Solo después de exprimir ese margen tiene sentido plantearse añadir más hardware.

 

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