Detectar un dron en combate solía ser cuestión de mirar al cielo o escuchar el ruido de sus motores. Si no había señal en el radar ni sonido, se podía asumir que la zona era segura, pero esa realidad ha cambiado por completo en las últimas semanas.
El fabricante ucraniano TAF Industries ha comenzado a producir en masa una tecnología que permite a sus drones aterrizar, apagar sus sistemas y permanecer ocultas en el terreno hasta catorce días antes de reactivarse para un ataque sorpresa.
Un dron preparado para realizar emboscadas autónomas de larga duración
El sistema se denomina Power Key y su función principal es la gestión extrema de la energía que permite al operador llevar el dron hasta una posición estratégica y ordenar un apagado casi total.
Cabe señalar que el dispositivo corta la corriente de los motores, la cámara, así como la transmisión de vídeo, dejando activo únicamente un pequeño receptor de bajo consumo.
Esta «hibernación» consigue que la aeronave no tripulada deje de emitir señales de radiofrecuencia y calor. Para los equipos de inteligencia electrónica rusos, el dron desaparece del mapa.
Se vuelve indistinguible de cualquier otro objeto inerte en el suelo al no generar emisiones rastreables. El dron se queda a la escucha, esperando una señal encriptada para encenderse de nuevo en cuestión de segundos.
La ventaja de esta tecnología reside en la capacidad de crear trampas aéreas sin las limitaciones de los drones conectados por cable de fibra óptica. Los soldados pueden posicionar estos dispositivos en rutas de suministro o zonas de paso habituales del enemigo y dejarlos allí.
Las pruebas realizadas durante el último verano demostraron que el dron puede resistir dos semanas en modo de espera y conservar batería suficiente para la maniobra final.
Cuando el objetivo aparece, el operador reactiva el sistema, el dron despega desde su escondite y ejecuta el impacto. Funcionan en la práctica como minas inteligentes que pueden esperar el momento perfecto sin agotar su autonomía en el aire.
La producción masiva ya está en marcha
Es importante mencionar que no se trata de un prototipo experimental, sino que la fabricación en serie de estas unidades con el sistema Power Key integrado comenzó el pasado mes de diciembre.
De hecho, TAF Industries, que tiene capacidad para producir más de 80.000 drones mensuales, ya está instalando esta placa en modelos estándar como los Kolibri 7, 8 y 10.
No cabe duda de que el despliegue de estos «drones pacientes» supone un reto complejo para la defensa militar. Los inhibidores de frecuencia habituales son poco útiles contra un aparato que está apagado y no transmite datos.
Esto obliga a vigilar no solo el espacio aéreo, sino cualquier punto del terreno donde uno de estos dispositivos pueda llevar días esperando en silencio, listo para atacar sin que el enemigo se dé cuenta.


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