Hace unos días saltó la noticia y, desde entonces, ha corrido como la pólvora por medio mundo. Un exingeniero de Google ha sido declarado culpable en Estados Unidos por robar información muy sensible sobre chips de inteligencia artificial y sistemas internos de la compañía.
No se está hablando de archivos cualquiera, sino de datos que explican cómo funciona por dentro la tecnología que ha creado la marca. En concreto, se puede ver cómo Google ha diseñado determinados modelos de IA y actualmente gestiona sus centros de datos.
El ingeniero se llama Linwei Ding y trabajó en Google entre 2019 y 2023. Durante ese tiempo tuvo acceso directo a proyectos muy importante relacionados con la infraestructura de IA.
Según la justicia estadounidense asegura, mientras seguía en plantilla, empezó a copiar documentos a escondidas, al mismo tiempo que buscaba contactos, financiación y oportunidades de negocio ligadas a empresas chinas y a su propia startup.
El jurado federal de San Francisco no ha tenido dudas. Ding ha sido declarado culpable de 14 cargos, entre ellos espionaje económico y robo de secretos empresariales. Cada uno de los cargos más graves puede suponer hasta 10 años de prisión. Aún falta la sentencia final, pero parece que le espera un largo tiempo en la cárcel.
Un movimiento que sale caro: robar información altamente privada sobre la IA de Google
Ahora que ya se conoce todo este caso más a fondo, se ha podido saber que, entre los archivos, había datos muy técnicos sobre las TPU, los chips propios de Google pensados solo para IA.
El punto en cuestión es que precisamente estos chips son una de las grandes ventajas de la empresa frente a sus rivales, porque están hechos a medida y de una forma muy precisa y eficiente para procesar enormes cantidades de datos.
Pero eso no es todo porque también se llevó información sobre sistemas basados en tarjetas gráficas que usan para entrenar modelos de IA. Los documentos explicaban cómo se organizan miles de estas tarjetas para trabajar juntas, cómo se reparten las tareas y cómo se evita que el sistema se colapse.
Por si fuera poco, el material incluía más detalles sobre redes internas, hardware especial y software que permite mover datos a toda velocidad dentro de los centros de datos. Si te das cuenta, tenía toda la información sobre cómo funcionaban los centros de datos de Google para el entrenamiento de modelos de IA, parte por parte, proceso por proceso.
Con todo esto sobre la mesa, que precisamente no es poco, durante el juicio también se explicó cómo Ding consiguió sacar toda esa información sin que nadie sospechase durante meses.
Para ello lo que hizo fue copiar fragmentos de documentos en la app de Notas de su portátil de trabajo, los pasaba a PDF y luego los subía a su nube personal. Poco a poco, consiguió que todo quedase a buen recaudo sin que nadie tuviese la más mínima sospecha.
Sin embargo, todo tiene un precio a pagar, y más si cometes un delito, y a este exingeniero, pese a sus artimañas, le ha salido caro. En cuanto a qué ha pasado con esa información y si realmente está ya en manos chinas, parece que se desconoce por completo.
En el juicio no se presentó ninguna prueba pública de que los documentos robados acabaran en manos de un ministerio chino o incluso del Ejército chino.
Lo que sí se demostró es que Linwei Ding estaba en contacto con empresas de allí, buscaba financiación y estaba montando su propia startup tecnológica mientras aún trabajaba en Google.


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