Sam Altman vs. Dario Amodei: qué se esconde tras la foto viral de la cumbre de IA que deja entrever una ‘guerra fría’ entre OpenAI y Anthropic

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El India AI Impact Summit en Nueva Delhi ha dejado la imagen del año, aparte de grandes frases y pronósticos. En la foto oficial del evento, donde las mayores figuras del sector posaban junto al primer ministro indio Narendra Modi, ocurrió algo que no ha tardado en hacerse viral en redes sociales: en el momento de levantar las manos unidos en señal de victoria y consenso, Sam Altman, de OpenAI, y Dario Amodei, de Anthropic, se negaron en rotundo a tocarse.

Mientras figuras de la talla de Sundar Pichai de Google o Satya Nadella de Microsoft no tuvieron problema alguno en hacerlo siguiendo la petición de Modi, la cadena se rompió justo donde estaban los CEO de ChatGPT y Claude.

En lugar de cogerse de la mano, ambos optaron por levantar sus propios puños por separado, dejando un hueco vacío que dice mucho más de lo que parece. Para muchos allí presentes, la ‘guerra fría’ de la inteligencia artificial acababa de personificarse en un gesto.

Ahora bien, de dónde nace este rechazo es la gran pregunta de estos momentos. Lo cierto es que el historial de ambos lo deja bastante claro.

Sam Altman vs. Dario Amodei: dos forma de entender la IA muy alejadas el uno del otro

Dario Amodei no es un desconocido para Altman; de hecho, fue su vicepresidente de investigación en OpenAI hasta inicios de 2021. Dario se marchó de la empresa llevándose a otros 15 empleados porque no aguantaba más la dirección que estaba tomando la compañía.

Para Amodei, Altman estaba priorizando el negocio y la velocidad por encima de la seguridad de la humanidad. Esa ruptura fue el inicio de una gran rivalidad.

Entre sus empresas existe una gran pelea de David contra Goliat donde David es Amodei y conoce todos los puntos débiles de Goliat (Altman) porque él mismo ayudó a diseñarlos.

Para el CEO de Anthropic, la inteligencia artificial es una tecnología con un potencial riesgo existencial que debe ser tratada con mucho cuidado. Por el contrario, Altman cree en el despliegue iterativo: sacar la tecnología al mundo, dejar que la gente la use y arreglar los fallos sobre la marcha.

Pero el momento de máxima tensión ocurrió hace apenas unos meses, durante el breve despido de Sam Altman de OpenAI. En mitad del caos, la junta directiva de OpenAI contactó en secreto con Dario Amodei para ofrecerle el puesto de su rival y proponerle fusionar ambas compañías. Amodei rechazó la oferta, pero el daño ya estaba hecho.

Además, cada vez que OpenAI anuncia una nueva función o herramienta, Anthropic responde con una mejora en su modelo Claude. Esta competencia ha provocado una fuga de cerebros que no para entre San Francisco y Palo Alto, donde los ingenieros eligen bando y no permiten que las aguas se calmen entre estas dos figuras.

«La mayoría desconoce que está a punto de ocurrir»

Para Amodei, la situación que se está viviendo actualmente con respecto a la IA es muy peliaguda. Siguiendo con su estilo catastrofista, afirma que, en los próximos años, la IA podría dejar sin empleo a la mitad de los trabajadores de oficina, especialmente a los que están empezando.

En concreto, habla de una ‘masacre de cuellos blancos’, un cambio total que afectará a millones de personas que trabajan en tecnología, economía, derecho, consultoría y otros sectores donde el trabajo de oficina es lo habitual. Y lo peor es que la mayoría de la gente ni se imagina lo que se está cociendo.

El motivo es que, según explica, ni los políticos, ni los jefes, ni los propios trabajadores están prestando la atención que merece este tema. Los gobiernos no regulan ni advierten, los CEO tienen miedo de hablar claro y los empleados siguen pensando que la IA es solo una herramienta para ayudar, no para reemplazar.

Amodei explica que muchas compañías están en una carrera para desarrollar agentes de IA que puedan hacer trabajos humanos al momento, indefinidamente y mucho más baratos. Desde escribir código, analizar datos, atender clientes o crear contenido, la lista es larga y crece cada día.

Eso sí, añadir que esto no significa que todos los empleos vayan a desaparecer mañana, pero sí que el cambio será rápido. En pocos años, muchas tareas que ahora requieren un humano podrían ser automatizadas, poniendo sobre la mesa la duda de qué pasará con todas esas personas que pierdan su trabajo.

 

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