Antes de que los móviles inteligentes comenzaran su recorrido, ya existían las tarjetas SIM, un pequeño trozo de plástico lleno de circuitos que permite la conexión móvil, algo ideal también para automoción o IoT.
A principios de los años 90, la SIM –Subscriber Identity Module, algo como módulo de identificación del abonado en español– tenía el tamaño prácticamente de una tarjeta de crédito actual.
Fue el grupo alemán Giesecke+Dvrient (G+D) el encargado de fabricar las primeras 300 tarjetas SIM, prácticamente al mismo tiempo que la informática avanzaba hacia ordenadores personales más compactos.
Es más, la SIM es uno de los ordenadores más pequeños que se pueden encontrar, ya que incluye una CPU, RAM, memoria e incluso un sistema operativo ultra ligero, todo ello en un tamaño cada vez más reducido.
Además, su tecnología de criptografía la convierte en uno de los dispositivos más seguros, también si has elegido eSIM, con la que ni siquiera necesitarás una tarjeta física que insertar en el móvil.
Con apenas algunos kilobytes, las tarjetas SIM son una de las tecnologías más seguras y fiables, con más de 30 años a sus espaldas. Y, si algo ya está bien, para qué cambiarlo.
Qué contiene una tarjeta SIM en su interior
Una tarjeta SIM se compone de materiales muy sencillos, como el silicio y el plástico, aunque también puede incluir otros componentes como el oro o el paladio, en muy pequeñas cantidades en los contactos que conectan con los pines del móvil.
En su interior, se encuentra un microcontrolador, que es un circuito integrado de un tamaño muy pequeño, sobre toda en las nanoSIM –el estándar más avanzado, sin contar eSIM–, y que alberga la CPU, la unidad de gestión de memoria y el motor de hardware encargado de la criptografía.
Este último apartado es vital, y es un rasgo que comparten tanto las tarjetas para IoT como las normales, con diferentes identificadores únicos que solo tiene una SIM, además de una clave de autenticación (Ki), para obtener la verificación de acceso a la red.
Gracias a esto, junto a otros identificadores de ubicación o códigos de red, país y área de localización, en tan solo unos segundos cualquier usuario con los permisos necesarios se puede conectar a la red.
Además, aunque sea un ordenador en formato pequeño, también tiene su propio sistema operativo, como la plataforma Java Card, que ofrece el lanzamiento de pequeñas aplicaciones a este nivel.
Esta de Oracle, precisamente, es una de las más populares del mercado, tanto en lo que se refiere a tarjetas SIM como a otros tipos de chips.
A día de hoy, una tarjeta SIM tiene un coste de fabricación de menos de 50 céntimos, con lo cual es el ordenador más barato y más pequeño distribuido a nivel mundial, con unas 4.500 millones de unidades vendidas cada año, según Juniper Research.
No obstante, ya hay muchísimos móviles en el mercado que suelen incluir la posibilidad de añadir eSIM, por lo que es más que probable que el estándar del futuro acabe siendo ese.


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