El mando a distancia lleva décadas siendo un elemento imprescindible en cualquier salón, pero este año todo parece indicar que estará perdiendo su relevancia.
Y es que la industria del entretenimiento avanza hacia un nuevo modelo de interacción donde este accesorio ya no será necesario.
Según las tendencias actuales del mercado, 2026 se perfila como el año en el que las apps móviles y los comandos de voz, podrían sustituir definitivamente al mando de la Smart TV.
El móvil como centro de mando universal
El primer sustituto natural del control remoto es un dispositivo que ya llevamos siempre con nosotros, como lo es el teléfono. Por ello, fabricantes han desarrollado ecosistemas propios para trasladar el control a la pantalla táctil.
Aplicaciones como Samsung SmartThings o la app oficial de Roku permiten gestionar todas las funciones del televisor directamente desde el smartphone o la tableta.
Este cambio ofrece ventajas inmediatas, sobre todo porque ya no dependeremos de un único aparato que utiliza pilas y que debe estar siempre a mano.
Además, la interfaz móvil facilita tareas que con un mando tradicional son tediosas, como introducir contraseñas o realizar búsquedas avanzadas, gracias al uso del teclado virtual del teléfono.
Esto democratiza el acceso, donde cualquier persona que esté sentada frente al televisor y tenga la aplicación instalada puede cambiar de canal o ajustar el volumen, eliminando la necesidad de pasarse el mando a distancia.
La voz y la Inteligencia Artificial como nuevo estándar
Aunque las aplicaciones son útiles, los expertos del sector señalan que el futuro de la interacción no es táctil, sino verbal. El control por voz se está posicionando como la interfaz definitiva para el hogar inteligente.
Gracias a la integración de la inteligencia artificial generativa y asistentes avanzados, como Gemini en Google Home, la comunicación con los dispositivos ha dejado de ser robótica para volverse mucho más natural.
Es por esta razón que ya no es necesario memorizar comandos específicos, puesto que los sistemas actuales son capaces de entender el contexto y ejecutar órdenes complejas con una simple frase.
Puedes pedir al televisor que busque un género concreto de películas, que encienda las luces o que cambie la fuente de entrada sin necesidad de navegar por menús. Esta eliminación de barreras hace que la tecnología sea más accesible y rápida para todo tipo de usuarios.
El reto de la privacidad
A pesar de la eficiencia del control por voz, esta tecnología plantea un reto importante en privacidad. Para que un asistente de voz funcione de manera fluida, los dispositivos suelen requerir que el micrófono esté activo o en modo de espera.
Esto genera desconfianza en un sector de los usuarios, que prefieren renunciar a la comodidad de los comandos de voz para evitar que sus datos o conversaciones sean procesados por terceros.
Por este motivo, muchas personas optan por desactivar estas funciones inteligentes, manteniendo el uso de métodos manuales, como las apps del mando desde el móvil.
La evolución desde los botones físicos hacia lo digital sugiere que, en un futuro muy cercano, los mandos a distancia tradicionales quedarán obsoletos, superados por sistemas más directos y conectados.


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