Teniendo como base que la inteligencia artificial ha aterrizado en el sector de los videojuegos, existe un enorme rechazo por parte de algunos desarrolladores, quienes advierten del impacto negativo.
Sin embargo, Microsoft ha creado Copilot for Gaming y ya hay incluso programas como Google Genie 3 que permiten crear videojuegos 3D con IA en tiempo real.
Para Jack Buser, director global de videojuegos de Google Cloud, esta tecnología es la única capaz de salvar, pese a todo, el negocio. Tal y como explica, la industria, en estos últimso 10 años, ha tomado el camino depriorizar producciones de una escala masiva, lo que ha derivado en ciclos de desarrollo que superan los siete años y presupuestos que alcanzan cientos de millones de dólares.
Esto es insostenible y sí, la IA parece que es la única capaz de corregir esta desviación y evitar que más personas acaben en la calle y se continúe con el cierre de estudios en todo el mundo.
«Los tiempos en los que se tardaban cinco, siete o diez años en desarrollar un videojuego y se gastaban cientos de millones de dólares no son sostenibles»
Buser, con una gran experiencia en firmas como Sony y Dolby, defiende que la IA no debe verse como una amenaza al talento humano, sino como un potenciador de capacidades. Para el directivo, la llegada y uso de estas herramientas es vital para reducir los tiempos y los costes. «Adopten la IA como si fuera el traje de Iron Man», afirma.
Lo cierto es que es una analogía bastante curiosa. En este caso, la IA actúa como un exoesqueleto que no sustituye, sino que le da mayores capacidades. El objetivo es que los desarrolladores puedan delegar las tareas más mecánicas y costosas a los algoritmos.
Con esto se consigue reducir el tiempo que transcurre desde la concepción de una idea hasta su implementación final en el juego. Según los datos de Google Cloud, existe una correlación directa entre el tiempo de producción y el coste financiero.
Un caso de éxito que comenta es el de Series Entertainment, un estudio colaborador de Netflix Games que ha conseguido reducir sus tiempos de desarrollo en un 90% gracias al uso de herramientas de automatización. Esto permite a los creadores asumir riesgos artísticos que en un desarrollo tradicional de 200 millones de dólares serían imposibles.
«La IA nos ayudará a optimizar el tamaño de estos modelos de negocio. Nos ayudará a crear una industria más saludable, no solo para las grandes empresas, sino también para las pequeñas. Y creo que si comprendemos mejor cómo se utiliza realmente y perfeccionamos un poco el lenguaje al hablar de estos temas, sin duda será una de las cosas más importantes que podemos hacer como industria en este momento», afirma.
Anticipa que este cambio va a provocar una transformación total de los géneros de juego en los próximos tres a cinco años. El directivo afirma que, mientras que en los últimos 10 años se ha centrado en mejoras gráficas, la IA permitirá innovar en las mecánicas de juego.
Usar la IA para programar videojuegos es una obligación para algunos desarrolladores, según un estudio del GDC 2026
Pese a todo esto, muchos desarrolladores están realmente preocupados. La sensación de que, si no usan la IA, les despedirán es el pan de cada día para muchos.
Las predicciones de hace unos años se han cumplido, pero solo «aquellos que no aprenden a utilizar la IA generativa se quedarán desempleados». Estas declaraciones provienen de un informe del estado de la industria gaming del GDC 2026, compartido por Wccftech.
El estudio, basado en la opinión de 2.300 profesionales, muestra la manera en la que se ha estado adaptando el mercado de los videojuegos a la evolución de los asistentes virtuales.
Principalmente, están siendo utilizados en la mayoría de las compañías para «tareas administrativas y de soporte». El 52% de los programadores encuestados afirman que para sus empresas ya es un requisito trabajar con sistemas como Gemini, Copilot y ChatGPT, mencionando: «Tengo que usarlo, de lo contrario, me despedirán».
Por otro lado, el 35% prefiere no acudir a los asistentes virtuales porque se usan «para explotar a los trabajadores y para inundar el mercado con contenido de baja calidad (o ‘basura’)».


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