Gloria Mark, investigadora de la atención en la Universidad de California: «En 2004, el tiempo era de dos minutos y medio, mientras que hoy es de 47 segundos»

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Gloria Mark, experta en comportamiento digital, ha documentado cómo el tiempo medio que una persona mantiene la atención en una tarea ha caído de varios minutos a menos de uno en las últimas dos décadas.

La investigadora lleva años analizando cómo interactuamos con la tecnología en entornos reales de trabajo. Su investigación se basa en cómo las personas gestionan su atención cuando trabajan con pantallas.

Consiste en observar directamente a los trabajadores en sus entornos reales, midiendo con exactitud cuánto tiempo permanecen centrados en una tarea antes de desviar la mirada o cambiar de actividad. Un enfoque que le permite detectar patrones concretos.

¿Qué significa realmente el dato de los 47 segundos?

Cuando Mark habla de «tiempo de atención», no se refiere a la capacidad mental global, sino al tiempo que una persona permanece enfocada en una actividad antes de cambiar a otra, por lo que es un matiz clave.

El descenso desde aproximadamente dos minutos y medio en 2004 hasta unos 47 segundos en la actualidad indica que cambiamos de tarea con mucha más frecuencia.

No implica que pensemos peor, sino que sostenemos menos tiempo el foco en una misma cosa. Este cambio define cómo trabajamos, leemos o incluso cómo mantenemos una conversación.

Durante años de exposición a plataformas diseñadas para interrumpir (Reels de Instagram, vídeos en TikTok o notificaciones del móvil), el cerebro ha aprendido a anticipar la interrupción.

El propio sistema nervioso ha interiorizado el patrón hasta el punto de generar el impulso de cambiar de foco de forma autónoma, aunque ningún estímulo externo lo haya provocado. Significa que la distracción se ha automatizado.

Cabe señalar que el entorno digital está diseñado para captar y redirigir la atención de forma continua, donde las plataformas compiten por segundos, no por minutos.

A eso se suma la multitarea, que en la práctica implica alternar rápidamente entre actividades más que realizarlas en paralelo.

Con el tiempo, este comportamiento se vuelve habitual, pero no es una decisión consciente en cada momento, sino una forma de interacción que se consolida.

Las consecuencias son preocupantes

El efecto más visible aparece en el trabajo y el aprendizaje, donde la dificultad para sostener la atención reduce la profundidad con la que se procesan ciertas tareas, especialmente las que requieren concentración prolongada.

Gloria Mark afirma que también influye en la percepción del esfuerzo; con actividades que antes se abordaban de forma continua, ahora resultan más exigentes, no necesariamente porque lo sean más, sino porque el entorno favorece la interrupción constante.

Quien decide limitar el uso de aplicaciones o desactivar notificaciones está tomando una decisión personal valiosa, pero está actuando dentro de un entorno que sigue estando diseñado para revertir ese esfuerzo.

El dato que plantea Gloria Mark no describe una pérdida total de atención, sino una transformación. La capacidad sigue ahí, pero se distribuye de otra forma, más fragmentada y condicionada por el entorno digital.

Por ello, entender ese cambio es clave para interpretar cómo trabajamos y por qué cada vez resulta más difícil mantener la concentración durante largos periodos.

 

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