Parece que no es suficiente con la crisis de la RAM y esas previsibles subidas de los precios (o rebaja en especificaciones). Ahora llega Qualcomm para anunciar una potencial subida en el precio de los procesadores.
Las últimas filtraciones indican que el procesador de un móvil de la más alta gama va a empezar a costar lo mismo que un smartphone en su totalidad de gama media.
El culpable de este último gran susto para los fabricantes es el próximo procesador estrella de Qualcomm, que según los analistas del sector podría superar la barrera de los 300 dólares por unidad. Para que te hagas una idea, hace apenas unos años el procesador costaba menos de la mitad.
El problema y el motivo vienen dados por un cúmulo de situaciones. Yendo a 2022, los chips de gama alta de Qualcomm costaban alrededor de 120 dólares, una cifra muy comedida que permitía a marcas como Xiaomi, OnePlus o Realme poner a la venta móviles muy potentes a precios competitivos.
Sin embargo, la llegada de la inteligencia artificial y la necesidad de procesadores cada vez más pequeños, eficientes y que, en general, puedan competir con los de Apple, han disparado los costes de fabricación año tras año, pasando por los 160 dólares del modelo siguiente hasta llegar a los más de 240 dólares de las últimas generaciones.
Con esto como base, se prevé que el futuro Snapdragon 8 Elite Gen 6 Pro cueste más de 300 dólares.
De ahí que Qualcomm parece que va a tener que dividir su catálogo de gama alta en dos niveles: un modelo estándar para los premium normales y una versión Pro con mejoras en gráficos y soporte para memoria ultrarrápida. Con esto, solo los smartphones más caros y exclusivos del mercado (las versiones Ultra) tendrán acceso al mejor rendimiento, dejando al resto de la gama alta un paso por detrás.
La potencia de los mejores procesadores Qualcomm se convierte en un privilegio reservado para los modelos Ultra
Móviles como el futuro Galaxy S27 Ultra o el Xiaomi 18 Ultra serán de los pocos en montar este (según filtraciones) nuevo cerebro de Qualcomm.
Las marcas ya no pueden asumir el coste de meter un chip de 300 dólares en un smartphone que luego pretenden vender por 700 u 800 euros, por lo que la innovación, la potencia más desorbitada, se va a quedar detrás de unos precios que podrían rondar, en algunos casos, los 2.000 euros.
Para el comprador medio, la situación, aunque es cierto que los procesadores a nivel general son todos una maravilla, será algo compleja. Las marcas Android tienen que tomar una decisión y ninguna te favorece.
La primera es subir los precios de todos sus móviles de forma generalizada para mantener los márgenes de beneficio. La segunda, y quizás la más probable, es hacer que los smartphones de gama alta estándar vean rebajadas sus especificaciones, recortando en materiales, cámaras o pantallas para poder asumir el coste del procesador.
A todo esto, no nos podemos olvidar de que el resto de componentes tampoco está ayudando a ese equilibrio en los precios. El boom de los centros de datos dedicados a la inteligencia artificial se está quedando con una cantidad enorme de la producción mundial de memorias RAM y almacenamiento flash.
Al haber menos stock disponible para el mercado de los smartphones, los precios de estos componentes sobreviven como pueden con la presión que tienen. No cabe duda de que fabricar un móvil hoy en día se ha convertido en todo un reto a nivel logístico, pero también a nivel económico, y ya poco queda por recortar para salvar la situación.

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