Chris Hoffman, experto senior en Windows: «En serio, no compres un PC con Windows 11 y 8 GB de RAM»

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Windows 11 no es el mismo sistema que teníamos hace unos años. Cada actualización suma más servicios en segundo plano, más integración con la nube y más funciones de inteligencia artificial pensadas para ayudarte con tareas, búsquedas y automatizaciones.

Todo eso suena bien sobre el papel, pero implica una consecuencia clara: el sistema necesita y consume más recursos del ordenador que el viejo Windows 10, y eso se nota en la memoria RAM que realmente hace falta para que el equipo respire con cierta tranquilidad.

Windows 11, la IA y el salto en requisitos

Cuando Microsoft lanzó Windows 11, muchos ordenadores que funcionaban sin problemas con Windows 10 se quedaron fuera de la actualización por falta de hardware: procesadores antiguos, ausencia de TPM o configuraciones muy ajustadas de memoria.

No era solo una cuestión de compatibilidad, sino de que el nuevo sistema llegaba con un escritorio renovado, efectos visuales adicionales, servicios residiendo en segundo plano y un camino claro hacia funciones de IA integradas.

Esa evolución hace que hoy el requisito mínimo oficial, esos 4 GB de RAM que permiten instalar Windows 11, se parezca más a una cifra de “arranque” que a una base para trabajar de forma cómoda. Pero la realidad diaria está más arriba.

Y es que, a medida que el sistema carga sus procesos, abre varias apps y mantiene pestañas del navegador abiertas, la memoria disponible se reduce rápido y cualquier cuello de botella en la RAM se traduce en esperas, tirones y programas que reaccionan tarde.

Por qué 8 GB de RAM se quedan cortos

En ese contexto, muchos usuarios siguen viendo ofertas de portátiles y sobremesas con Windows 11 y 8 GB de RAM como si fueran configuraciones razonables para todo.

También hay PC gaming a precio “ajustado” que se venden con esa cantidad como si fuera suficiente para resistir juegos, multitarea y las exigencias actuales del sistema.

Por ello, el mensaje de Chris Hoffman, experto senior en Windows y colaborador de PCMag, va justo en la dirección contraria: si estás pensando en comprar un PC nuevo con Windows 11 y trae solo 8 GB de RAM, párate y piénsalo dos veces.

Hoffman ha puesto a prueba esta situación de forma controlada. En lugar de limitarse a teorizar, ajustó su propio PC de escritorio para que funcionase como si solo tuviera 8 GB de memoria, utilizando las herramientas de configuración del sistema.

Con esa restricción, se dedicó a usar Windows 11 como cualquier persona: abrir el navegador con varias pestañas, trabajar con documentos, gestionar correo, reproducir contenido en streaming y lanzar apps más pesadas, incluyendo editores de fotos.

Lo que observó es que Windows 11, con 8 GB de RAM, empieza a defenderse sacrificando rapidez. En cuanto la multitarea se hace mínimamente intensa, el sistema recurre con más frecuencia al intercambio de datos con el disco SSD, lo que se traduce en tiempos de carga mayores, apps que tardan en responder y una sensación constante de freno.

De cara a la productividad, esto significa que tareas que deberían ser fluidas se vuelven más pesadas. Por ejemplo, cambiar entre ventanas cuesta más, abrir archivos grandes y cualquier proceso en segundo plano tarda, desde una descarga hasta una sincronización, se nota en la experiencia.

Cómo afecta a tu día a día y qué recomiendan las pruebas

La parte que más preocupa a Chris Hoffman no es que Windows 11 funcione con 8 GB, porque técnicamente lo hace, sino cómo se comporta cuando sales del uso mínimo.

En cuanto entran en escena apps exigentes —como Photoshop y otros programas de diseño o edición— el sistema sufre de forma evidente.

Los ajustes, filtros y operaciones que dependen de mover grandes cantidades de datos en memoria son lentos, y el usuario tiene la sensación de que el PC se queda viejo antes de tiempo aunque el hardware sea relativamente reciente.

Por eso su recomendación es tajante: si vas a comprar hoy un PC con Windows 11, considera 16 GB de RAM como mínimo real, no como un extra opcional.

Y es que con 16 GB, el sistema tiene margen suficiente para cargar sus servicios, mantener varias aplicaciones abiertas y trabajar con programas más pesados sin recurrir constantemente al disco para compensar la falta de memoria.

Hoffman señala que la diferencia en uso cotidiano es clara; la máquina responde mejor, abre más pestañas y ventanas abiertas y ofrece una sensación de estabilidad mucho mayor, algo especialmente importante si utilizas el ordenador para trabajar, estudiar o combinar varias tareas al mismo tiempo.

Esta recomendación encaja, además, con la propia dirección que está marcando Microsoft para los llamados AI PC y los equipos certificados como Copilot+.

En esos casos, la referencia de 16 GB de RAM deja de ser solo una sugerencia y empieza a convertirse en requisito para acceder a todas las funciones de IA que se ejecutan en el propio dispositivo.

Aunque un PC de 8 GB de RAM pueda arrancar Windows 11 y ejecutar la versión más básica de Copilot en la nube, se quedará fuera de muchas características pensadas para aprovechar la inteligencia artificial de forma integrada en el escritorio.

 

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