Roydon Cerejo, analista de móviles desde hace 10 años: «No cambies de smartphone en 2026. Estarás tirando el dinero»

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Hace cinco o seis años, que llegase un mes en concreto significaba la salida de una nueva serie de tu marca de móviles preferida. Las novedades afectaban a todas las especificaciones por igual y el cambio era bastante grande. Esto en 2026 ha cambiado por completo.

Lo cierto es que Google, Samsung, Apple, Motorola o OnePlus mantienen un calendario inamovible. Esto no es lo que ha cambiado realmente. El problema que ahora estamos viendo es que los precios siguen subiendo mientras que las novedades cada vez son más difíciles de justificar.

Por supuesto, el usuario lo nota y, por primera vez en mucho tiempo, parece haber dejado de correr a comprar el último modelo.

Esto no significa que los móviles actuales sean peores. Todo lo contrario. Nunca han sido tan buenos. Precisamente ese es el problema para el sector: han alcanzado un nivel tan alto que cada nueva generación apenas consigue mejorar pocas cosas y, muchas veces, casi imperceptibles para el día a día.

Un procesador más potente que no se nota porque el de la generación anterior ya era una bestia, una cámara algo mejor o una batería con unos minutos extra de autonomía. Para los usuarios, ya no sirve para convencer.

Eso sí, las presentaciones siguen siendo espectaculares, el marketing es más potente que nunca y las fichas técnicas muestran unos números que son de locura, pero cuando comparas un modelo con el del año pasado, las diferencias suelen ser bastante pequeñas.

¿Por qué los móviles nuevos ya no parecen tan diferentes de los anteriores?

Esto es algo que Roydon Cerejo, analista de móviles de Android Authority ha explicado a la perfección en un artículo para el medio.

Por ejemplo, menciona a Google. Afirma que el Pixel 10a sigue siendo uno de los móviles con mejor relación calidad-precio de su segmento, pero deja claro que apenas cambia respecto al Pixel 9a. Hay pequeños cambios de hardware y algunas funciones nuevas de software, pero nada que justifique por sí solo que cambies.

A Samsung le sucede lo mismo. Los Galaxy S26 y Galaxy S26+ han quedado prácticamente eclipsados por el Galaxy S26 Ultra, que lleva casi todas las novedades importantes. Sin embargo, todos estos se consideran más bien continuistas que una gran innovación.

Algo parecido ocurre con Motorola y sus nuevos Razr. La compañía ha mejorado algunos puntos importantes, como la bisagra o las baterías de silicio-carbono, pero esto es algo que, en última instancia, favorece poco al comprador.

Y, por supuesto, el gran rey, Apple, está sufriendo los mismos problemas. Aunque sigue siendo el gran objeto de deseo y muchos ya cambian casi cada año por costumbre, la realidad es que los cambios entre generaciones también son muy pequeños.

El problema no es que los móviles sean peores, sino que ya son demasiado buenos

La realidad es que la competencia entre todas las marcas es tan grande que un móvil comprado hace tres o cuatro años sigue funcionando perfectamente para WhatsApp, redes sociales, fotografía, vídeo o juegos.

Además, esto se ve especialmente favorecido porque los fabricantes han ampliado mucho el soporte de software. Samsung y Google ya ofrecen hasta siete años de actualizaciones en muchos de sus modelos.

Por otro lado, el hardware tampoco supone ya una limitación para la mayoría de las personas. Los nuevos procesadores, como los Snapdragon o los Tensor de Google, cuentan con unos números en benchmarks que asustan y eso, para el 99% de la población, es más que de sobra.

Es por eso que muchos expertos llevan un tiempo advirtiendo que toca cambiar la estrategia y, quizá, ha llegado el momento de romper el ciclo de un móvil nuevo cada año.

Que salgan nuevas generaciones cada dos años podría ser el tiempo perfecto para que se desarrollen más novedades, mejoras realmente grandes y que esto anime a los usuarios a cambiar en lugar de esperar a que su móvil tenga cuatro años.

El problema es el propio negocio. Las marcas dependen de mantener caliente el interés del mercado y de seguir vendiendo millones de dispositivos cada año. Sin embargo, nos encontramos ante un consumidor mucho más racional que hace unos años y que, además, y teniendo en cuenta la situación de crisis que se está viviendo, más ahorrador.

 

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