Desde finales de 2025 ha quedado bastante claro que montar un ordenador nuevo es casi imposible. No solo por el aumento de los precios debido a la crisis de componentes, también por el problema de stock. La IA se lo está comiendo todo y parece que va a afectar a otra parte vital de los PC: las placas base.
Según se ha podido saber, ASUS, Gigabyte y MSI estarían preparando una subida de precios que podría alcanzar el 50% en algunos modelos durante el tercer trimestre de 2026.
El problema es que esto no se está refiriendo a una subida de procesadores o incluso de tarjetas gráficas. Hablamos de las placas base y, de nuevo, el verdadero cuello de botella vuelve a estar relacionado con la inteligencia artificial y con la enorme cantidad de componentes que necesitan los grandes centros de datos para seguir creciendo.
Mientras empresas como Microsoft, OpenAI, NVIDIA, Google o Apple siguen invirtiendo miles de millones en infraestructura para IA, el resto del mercado se está ahogando (y no solo esos usuarios que quieren montar un PC).
¿Por qué podrían subir tanto las placas base y qué tiene que ver la inteligencia artificial?
El quid de la cuestión está en las entrañas de las propias placas base. Esta está formada por muchos elementos que también utilizan otros equipos electrónicos. Entre ellos están los PCB, las placas de circuito impreso sobre las que se montan todos los componentes, además del cobre, los condensadores y los sistemas de alimentación.
Según recoge VideoCardz, citando información del foro chino Board Channels, el precio de todos estos materiales ha aumentado durante los últimos meses. Eso está llevando a una subida en el coste de fabricación y los fabricantes tendrían previsto trasladar parte de ese incremento al precio final de sus productos.
Si finalmente se cumple la previsión, una placa base que hoy cuesta entre 150 y 200 euros podría situarse fácilmente entre 220 y 300 euros, dependiendo del modelo. Por ahora ninguna de las marcas ha confirmado oficialmente estos cambios, pero la previsión apunta en esta dirección.
El problema es que las previsiones no son nada positivas ni para este componente ni para la RAM y SSD. Uno de los mejores ejemplos es SanDisk, que acaba de presentar unos resultados muy por encima de lo esperado gracias al negocio de los centros de datos.
La compañía obtuvo unos ingresos de 9.000 millones de dólares en el cuarto trimestre de su año fiscal 2026, un crecimiento del 372%, impulsado por la demanda de RAM para inteligencia artificial.
A esto se suma otro dato. Según DigiTimes, Samsung, SK Hynix y Micron ya tendrían comprometida prácticamente toda su capacidad de producción de DRAM y HBM prevista para 2027.
Esto cuestan hoy las memorias RAM y cuándo podrían volver a bajar
Para que te hagas una idea, un kit de memoria DDR5 de 32 GB que costaba unos 90 dólares rebajado en el verano de 2025 se ha encaramado por encima de los 450 dólares.
Módulos de gama alta para gaming que rondaban los 100 dólares cotizan hoy cerca de los 600 dólares. Incluso la opción más económica de 16 GB de DDR5 roza ya los 200 dólares, el doble de lo que costaba hace un año por la mitad de capacidad.
El impacto ha sido tan grande que se ha llevado por delante a marcas históricas del sector. El caso más importante es la desaparición de Crucial.
Su empresa matriz, Micron, tomó en diciembre la decisión de abandonar por completo el mercado de consumo para volcar toda su capacidad de fabricación en las memorias HBM y soluciones para servidores de IA. Aquí los márgenes son de otro planeta.
El problema va más allá y ni siquiera se salvan las generaciones anteriores. Quienes pensaban tirar hacia el pasado y recurrir a la memoria DDR4 se han encontrado con que sus precios también se han multiplicado por cuatro: un kit básico de 32 GB DDR4 que costaba 48 dólares el año pasado supera los 200 dólares en la actualidad.
El problema es que, según las estimaciones actuales del sector, solo pueden cubrir alrededor del 60% de la demanda prevista en los próximos años. Es decir, no hay suficiente capacidad para todo lo que se está pidiendo.
El resultado es un efecto dominó de manual. Lo que gana la IA lo pierde el consumidor. Y eso ya se está notando en los precios de productos tecnológicos básicos.


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