Hay pocos electrodomésticos que provoquen tantos comentarios a favor y en contra como una Thermomix. Para algunos es un capricho imposible de acceder; para otros, una inversión que están dispuestos a pagar. Después de utilizar la nueva Thermomix TM7 durante varias semanas, entiendo ambas posturas.
Su precio de 1.549 euros hace que no sea una compra impulsiva (aunque el mercado de los móviles está por los mismos precios). Hay robots de cocina más baratos e incluso es posible cocinar prácticamente cualquier receta con una olla, una sartén o una batidora de toda la vida. Entonces, ¿por qué tanta gente sigue soñando con tener una Thermomix?
El punto en cuestión no está en que cocine mejor que tú. Está en que consigue que cualquier persona, incluso alguien que jamás ha frito un huevo, pueda preparar platos muy elaborados siguiendo unas instrucciones tan sencillas que es difícil equivocarse. Ahí es donde marca la diferencia.
Después de probarla, me he quedado con la sensación de que no sustituye completamente una cocina tradicional ni hace magia, pero sí consigue algo que muy pocos electrodomésticos logran. Hace que cocinar deje de dar pereza y que te apetezca probar recetas que jamás habrías preparado por tu cuenta.
Características de la Thermomix TM7
Una pantalla enorme que hace que cocinar sea mucho más fácil
Si me tuviera que quedar con una sola característica de la Thermomix TM7 frente a generaciones anteriores, probablemente no hablaría del motor, del Varoma o de los nuevos modos de cocción. Hablaría de su pantalla (quizá sea un defecto por dedicarme a la tecnología).
Puede parecer una tontería, pero cambia por completo la forma en la que utilizas este electrodoméstico. Es un panel táctil de 10 pulgadas que parece una tablet integrada. Responde rápido, tiene buena resolución y moverse entre las miles de recetas es tan cómodo que terminas pasando más tiempo investigando que cocinando.
Todo es grande y muy visual. No hace falta rebuscar entre menús ni aprender dónde está cada función porque prácticamente todo está delante de ti. Incluso con las manos mojadas o manchadas responde bien.
Cada paso aparece perfectamente explicado, con tiempos, temperaturas y velocidades. Es técnicamente imposible cometer un error. Si nunca has cocinado un risotto, un ramen, un curry o incluso pan, simplemente sigues las instrucciones y la máquina te va guiando poco a poco.
Y aquí está, para mí, el verdadero valor de la Thermomix. No cocina sola, como muchas veces se piensa. Cocinar sigues cocinando tú. Lo que hace es quitarte el miedo a equivocarte. Consigue que alguien que no ha tocado una sartén en su vida prepare platos muy buenos y nuevos siguiendo las instrucciones.
También me ha gustado mucho la posibilidad de elaborar varias cosas al mismo tiempo. Mientras el vaso prepara una crema o un arroz, puedes aprovechar el Varoma para hervir verduras, pescado o carne.
Eso sí, tengo que decir que la Thermomix no decide por ti cómo debe quedar cada alimento. Si una receta cuece un huevo durante quince minutos y a ti te gusta con la yema menos cocinada, tendrás que adaptarla. Lo mismo ocurre con las verduras o con el punto de cocción de algunos pescados. La máquina ejecuta las instrucciones, pero el gusto personal sigue siendo cosa tuya.
Por supuesto, debes saber que muchas de las grandes recetas también necesitan un último paso fuera de la Thermomix. Un gratinado, un dorado o una pizza seguirán necesitando el horno. Es por eso que, al final, este robot no sustituye completamente la cocina de siempre.
Otro punto a comentar es la potencia de trituración. Puede parecer una función más, pero después de preparar varios purés, cremas y salmorejo, entiendes por qué tanta gente habla maravillas de Thermomix. La textura es fina, cremosa y parece sacada de un estrella Michelin. Es una de las cosas que más voy a echar de menos cuando deje de utilizarla.
También agradezco que incluya pocos accesorios. Hay menos cosas que guardar, menos elementos que montar y desmontar y, sobre todo, menos sensación de estar utilizando un aparato complicado.
Al final entiendes por qué cuesta lo que cuesta. Sigue siendo un precio muy alto y, para mucha gente, será un auténtico capricho. Pero esa sensación de escoger una receta complicada y saber que simplemente haciéndolo va a quedar perfecta es un gran plus.
No todo es perfecto: limpieza, ruido y pequeños detalles que podrían mejorar
Precisamente porque cuesta 1.549 euros, creo que hay que ser exigente tanto con este como con el resto de dispositivos que pasan por nuestras manos. La experiencia general es increíble, pero hay algunos contras a mi parecer.
El primero tiene que ver con la limpieza. No diría que sea difícil de limpiar porque, de hecho, los materiales son muy buenos y prácticamente todo está pensado para que sea fácil de mantener. El problema aparece con algunas recetas. Preparar una simple mayonesa, una salsa o cualquier mezcla con bastante aceite te obliga a desmontar varias piezas, limpiar bien las cuchillas y dedicar demasiado tiempo.
Además, al tratarse de un producto tan caro, inevitablemente acabas tocando todo con mucho más cuidado. No porque te dé la sensación de que se va a romper, sino porque sabes que has pagado demasiado por él. Terminas invirtiendo tanto tiempo que, a veces, resulta bastante pesado.
También he notado en cocinados de bastante tiempo, como unas costillas, que el cuerpo del vaso se calienta bastante y emite bastante vapor en algunas ocasiones. La propia máquina lo gestiona muy bien porque va avisando mediante colores para que tengas cuidado al tocar algunas piezas, pero debes tener cuidado con dónde la colocas. Aléjate de los muebles porque puedes acabar con la cocina destrozada.
El motor también tiene dos caras. A velocidades bajas me ha sorprendido muchísimo lo silencioso que es. Sin embargo, si toca triturar al máximo, picar hielo o terminar un salmorejo para que deje esa textura de 10, el ruido es muy molesto y estás deseando que se acaben esos 30 o 40 segundos.
Ni qué decir sobre que, al final, la Thermomix no sustituye completamente algunos utensilios muy básicos. Si únicamente quieres cocer un huevo o hervir unas patatas, probablemente seguirás tardando menos utilizando una olla pequeña. Donde realmente marca la diferencia es cuando aprovechas todas sus funciones al mismo tiempo y preparas varios alimentos de una sola vez o te lanzas con recetas imposibles.
Tampoco conviene pensar que todo sale perfecto simplemente pulsando un botón. La máquina hace exactamente lo que le indiques, pero después cada uno tiene sus preferencias. Habrá quien quiera más sal en una crema, más agua en un arroz, menos vinagre en un salmorejo… Como antes he comentado, la Thermomix ejecuta milimétricamente la receta, pero el criterio final sigue siendo tuyo.
Eso sí, hay un detalle que me ha gustado mucho. La TM7 detecta si alguna pieza está mal colocada, si hay exceso de humedad en los pines o si algo no está correctamente montado antes de empezar.
¿Merece la pena comprar la Thermomix TM7?
Si solo cocinas de forma ocasional o buscas un aparato para preparar cuatro recetas básicas, mejor abstenerse.
Ahora bien, si disfrutas con este mundo o quieres comer mejor sin invertir tanto tiempo, la cosa cambia. No sustituye por completo un horno, una vitrocerámica o una olla de siempre, pero, si te lo puedes permitir, no va a ocupar demasiado espacio en tu cocina.


Deja una respuesta