La gama de entrada de los móviles, que durante años ha sido la puerta de acceso al mercado de los smartphones, está perdiendo terreno por una combinación de factores. Según Counterpoint Research, las ventas mundiales de móviles cayeron un 20 % interanual en el tercer trimestre de 2026, mientras que los precios subieron alrededor de un 20 % debido a la escasez de memoria DRAM y NAND. La consecuencia para los consumidores es que los fabricantes están reduciendo su apuesta por los modelos más baratos y concentrando recursos en dispositivos que dejan más margen de beneficio.
El problema tiene su origen en dos componentes esenciales para cualquier smartphone, como lo es la memoria DRAM, que es la encargada de gestionar las tareas en ejecución, y la memoria NAND, utilizada para el almacenamiento interno, que se han encarecido de forma significativa. Buena parte de la producción mundial está siendo absorbida por la industria de la inteligencia artificial y los centros de datos, capaces de pagar más por los mismos recursos, por lo que este cambio está alterando toda la cadena de suministro y obligando a los fabricantes de móviles a revisar sus catálogos y estrategias comerciales.
La crisis de memoria está encareciendo todos los móviles
Es importante mencionar que la escasez de memoria no afecta por igual a todas las gamas del mercado, ya que en los segmentos superiores, donde el margen económico es mayor, los fabricantes pueden trasladar parte del incremento de costes al precio final. Sin embargo, la situación es mucho más complicada en la gama de entrada, donde unos pocos euros pueden determinar si un producto sigue siendo competitivo o deja de serlo.
Esta realidad está provocando una transformación silenciosa del mercado, donde muchas marcas han comenzado a reducir el peso de los dispositivos más económicos dentro de sus catálogos. Y es que el objetivo ya no es vender el mayor número posible de terminales, sino proteger la rentabilidad en un contexto de costes crecientes y disponibilidad limitada de componentes.
Mientras tanto, los consumidores están reaccionando de varias formas, en las cuales algunos retrasan la renovación de sus teléfonos, que lo actualizan cada dos o tres años, mientras que otros recurren al mercado de dispositivos reacondicionados o de segunda mano, donde encuentran precios más competitivos, y muchos buscan alternativas que les permitan estirar el presupuesto sin asumir las nuevas subidas de precios.
Qué ocurrirá con los móviles de menos de 200 dólares durante los próximos años
Las previsiones que manejan los analistas apuntan a que el cambio no será temporal, ya que, según las estimaciones recogidas en los análisis del sector, los smartphones con precios inferiores a 200 dólares podrían reducirse un 40% hasta 2030. Eso supone más de 230 millones de unidades menos cada año respecto a los niveles actuales.
Lo más llamativo es que el mercado total no desaparecerá, y las previsiones indican que las ventas globales seguirán moviéndose en cifras parecidas a las actuales, pero con una distribución muy distinta. Mientras los segmentos económicos pierden peso, los dispositivos por encima de los 200 dólares crecerían alrededor de un 26%.
De hecho, empresas como Xiaomi, OPPO o Realme ya están mostrando una tendencia clara hacia productos más rentables. Al mismo tiempo, compañías como Apple resisten mejor la situación gracias a una clientela menos sensible a las subidas de precio y a una estrategia tradicionalmente centrada en segmentos premium. Así que la cuestión de fondo va más allá de los teléfonos móviles.
Durante años, el smartphone barato fue una de las herramientas tecnológicas más accesibles para millones de personas, pero ahora, la combinación de costes más altos, cambios en la producción de memoria DRAM y NAND, así como nuevas prioridades industriales, está empujando al mercado hacia precios más elevados. La gran incógnita ya no es cuándo terminará la crisis de componentes, sino si los fabricantes tendrán algún motivo para volver a competir en un segmento que cada vez les resulta menos rentable.
El móvil de 100 euros no ha desaparecido por completo y no lo hará a corto plazo, pero su futuro es cada vez más incierto. La crisis de memoria está poniendo a prueba la viabilidad de una gama que permite acceder a un smartphone sin realizar un gran desembolso. Si los costes se mantienen elevados y la estrategia de las marcas cambia, los chollos podrían ser menos frecuentes y encontrar un teléfono básico a buen precio exigiría más paciencia.


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