El último pirata del CD, condenado a dos años de cárcel: seguía grabando y vendiendo música de forma ilegal

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El negocio de la piratería de música para muchos se ha quedado como un recuerdo de hace 20 o 30 años, cuando en las calles de España se vendían discos piratas de todos los artistas. Esto es algo que ya ha quedado relegado a un segundo plano debido a las plataformas como Spotify. Sin embargo, parece que este negocio sigue muy vivo.

Las autoridades del Reino Unido acaban de demostrarlo y acaban, por fin, de cerrar una investigación de casi ocho años contra un hombre que copiaba discos de música para luego venderlos.

En concreto, se trata de Marc Kearns, un hombre de 47 años que ha sido condenado a 26 meses de cárcel tras declararse culpable de saltarse las leyes de propiedad intelectual.

La sentencia confirma que el acusado no utilizaba páginas de descarga ni servidores de la deep web para hacer todo esto.

Su modelo de negocio estaba también adaptado a la propia época de los CD y se basaba en sentarse delante de una torre de ordenador de sobremesa para quemar/grabar los discos uno a uno, meterlos en sus fundas y venderlos directamente en mano. La investigación de este curioso caso comenzó en el año 2018, pero no ha sido hasta ahora que han conseguido dar con él.

El punto de inflexión en esta operación fue en septiembre de 2022, cuando la policía entró con una orden de registro en la casa de Marc Kearns para quitarle las torres de copia y todo el material que utilizaba para las grabaciones.

Tras un tedioso proceso burocrático que se ha alargado hasta este mes de junio de 2026, el acusado ha aceptado las culpas para evitar el ingreso directo en prisión, quedando la pena suspendida durante los próximos 18 meses a cambio de realizar 250 horas de trabajos comunitarios.

¿Cómo conseguía este pirata informático ganar dinero vendiendo CD de música en la era de Spotify y Apple Music?

Marc Kearns no solo copiaba el último disco de un artista tal cual viene de fábrica; su negocio se basaba en el unauthorized mixing o remezclas no autorizadas en español. Hacía recopilatorios exclusivos, uniendo canciones de artistas muy famosos, alterando el ritmo, creando sesiones para fiestas o juntando temas antiguos que son muy difíciles de encontrar juntos.

Este tipo de contenido no se puede subir a Spotify ni a Apple Music. Si intentas subir una remezcla de Dua Lipa con música de los años 80 a una plataforma oficial, los algoritmos de derechos de autor la tumban en segundos. Por lo tanto, el formato físico era la única manera de vender y comprar esto.

Además, y aunque para muchos esto ya sea una anticualla, siguen existiendo miles de personas aún atadas al CD y que odian este tipo de plataformas. Por ejemplo, millones de personas tienen coches sin conexión Bluetooth, pantalla inteligente ni puerto USB, pero que sí siguen teniendo un reproductor de CD.

Por supuesto, este vendedor sabía muy bien lo que hacía y, al operar en una zona pequeña del norte de Inglaterra, jugaba con el factor de la cercanía, muy al estilo mercadillo local. El cliente podía ver las portadas hechas a mano y comprar un par de discos por no demasiado dinero.

 

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