Leyla Abdullaeva (36), primera mujer comandante de drones en Ucrania: «Todavía me avergüenza no estar allí, es muy difícil comprender que aquí soy más eficaz»

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Durante mucho tiempo, la imagen de un comandante militar estuvo ligada a alguien que compartía los mismos riesgos que sus soldados y permanecía cerca del combate, pero las guerras actuales funcionan de una forma muy distinta.

Ahora, la información llega en tiempo real, las operaciones se coordinan a distancia y los drones permiten observar o atacar objetivos a kilómetros de donde se encuentra quien los controla.

Cabe señalar que este cambio ayuda a entender la reflexión de Leyla Abdullaeva, considerada la primera mujer al mando de una unidad de drones en Ucrania.

Afirma que, aunque ocupa un puesto clave dentro de las operaciones militares, reconoce que todavía le cuesta aceptar que puede ser más útil lejos del frente que dentro de él.

Los drones han transformado la forma de combatir

De acuerdo con Hromadske, la experiencia de Abdullaeva sirve para entender cómo los drones han pasado de ser una herramienta complementaria a convertirse en uno de los elementos más importantes del conflicto entre Ucrania y Rusia.

Su trabajo ya no consiste únicamente en participar en misiones concretas. Como comandante, debe coordinar equipos, organizar operaciones, supervisar recursos, entrenar a nuevos operadores y tomar decisiones que afectan a numerosas personas sobre el terreno.

Eso significa que su responsabilidad ha crecido al mismo ritmo que la importancia de la tecnología dentro del conflicto. Por ello, cuando se habla de drones militares, muchas veces se piensa en aparatos capaces de lanzar ataques. Sin embargo, su función es mucho más amplia.

Es importante mencionar que estas aeronaves permiten localizar posiciones enemigas, vigilar movimientos, corregir disparos de artillería, así como proporcionar información constante a las unidades desplegadas.

En muchos casos, también ayudan a reducir la exposición directa de los soldados, ya que pueden realizar tareas de reconocimiento sin necesidad de enviar personal a zonas especialmente peligrosas.

Esa capacidad ha cambiado por completo la forma de planificar operaciones, ya que quien controla la información que proporcionan los drones dispone de una ventaja estratégica enorme.

Un nuevo modelo de liderazgo para una nueva generación de la guerra

La frase de Abdullaeva no habla únicamente de la guerra, sino que también refleja un conflicto humano que aparece con frecuencia en organizaciones militares y en otros ámbitos donde la responsabilidad aumenta con el tiempo.

Existe la idea de que la contribución más valiosa es la que se realiza en primera línea. Sin embargo, cuando una persona adquiere experiencia, conocimientos y capacidad de liderazgo, su impacto suele ser mayor coordinando equipos que actuando por sí sola.

Aceptar ese cambio no siempre resulta sencillo, ya que para alguien que ha estado cerca del combate, asumir que puede ayudar más desde una posición de mando puede generar sentimientos de culpa o la sensación de no estar haciendo lo suficiente.

La guerra en Ucrania ha demostrado que el liderazgo ya no depende únicamente de la presencia física en el campo de batalla. Hoy también exige capacidad para interpretar datos, coordinar tecnología avanzada y tomar decisiones rápidas con información procedente de múltiples fuentes.

Los drones son una parte fundamental de esa transformación debido a que han creado nuevos perfiles dentro de los ejércitos y han dado más peso a especialistas capaces de combinar conocimientos, visión estratégica y gestión de equipos.

En ese contexto, figuras como Leyla Abdullaeva representan una realidad cada vez más común: la de comandantes cuya influencia no se mide por su proximidad al frente, sino por el impacto que tienen sus decisiones sobre el conjunto de la operación.

¿Quién es Leyla Abdullaeva?

Abdullaeva tiene 36 años y es comandante de una compañía de drones de ataque dentro de la brigada K-2 de las Fuerzas de Sistemas No Tripulados de Ucrania. Antes de entrar en el ejército, trabajaba en el sector tecnológico.

Su entrada en las fuerzas armadas no fue sencilla. Intentó movilizarse varias veces tras el inicio de la invasión a gran escala, pero al principio no la aceptaron. Finalmente, empezó como piloto de drones pequeños, pasó después por drones de reconocimiento y equipos pesados de ataque, formó a nuevos operadores y acabó asumiendo el mando de una compañía con más de cien militares.

En febrero de 2026 fue condecorada con la Orden de Bogdán Jmelnitski de tercer grado, un reconocimiento que ella vincula al trabajo de toda su unidad y no solo a su carrera personal.

 

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