El año pasado, el gobernador de Texas, Greg Abbott, presumía de que el estado era “el epicentro de la IA”, por la gran cantidad de centros de datos que se habían construido. Un año después, ha firmado una moratoria para detener la conexión a la red eléctrica de todos los centros de datos de la IA en construcción, hasta que presenten un informe con el consumo exacto de electricidad y agua que necesitan.
Greg Abbott ha dado cifras que nos permiten dimensionar la locura por la inteligencia artificial: Texas tiene más de 1.600 peticiones de construcción de centros de datos, que consumirían cinco veces el pico de demanda, es decir, el consumo máximo jamás alcanzado. Y eso que nada ha dicho del agua, en un lugar que lleva siete años de sequía, con varias poblaciones con restricciones de agua.
La estrategia de la compañías de IA es similar a la conquista del Salvaje Oeste: lo importante es llegar antes que el rival, no importa lo que te lleves por delante. Da igual que los centros de datos sequen lagos, suban el precio de la luz, o torturen a los vecinos con zumbidos. Lo importante es construirlos, para que compañías e inversores millonarios se hagan aún más ricos.
Texas dice basta a la IA
En los últimos años, Texas se ha convertido en el segundo estado con más centros de datos de la IA, tras Virginia, según comenta Ars Technica. Aquí se combinan varias circunstancias: el precio del terreno es barato, hay energía abundante gracias al gas y el petróleo, y el gobierno estatal ofrece rebajas de impuestos a los centros de datos.
Esto ha atraído a una gran cantidad de compañías de IA, que se han instalado sin medida y, por lo que parece, sin confirmar sus demandas de luz y agua. En pocos años, Texas ha pasado de ser “el epicentro de la IA”, a sufrir cortes por sobreesfuerzo de redes eléctricas anticuadas, y un brutal consumo de agua.
En este último caso, no hay que echarle la culpa solo a la IA. En un estado con grandes reservas de gas y petróleo, las centrales de gas natural de Texas consumieron 212.000 millones de litros de agua en 2024, mientras que las centrales de carbón evaporaron 128.000 millones de litros adicionales, y las centrales nucleares, 98.000 millones de litros. En comparación, la IA consumió 30.000 millones de litros de agua. Pero con más de 1.600 peticiones de nuevos centros de datos, este consumo se dispararía.
El problema de los centros de datos es que no solo necesitan agua para refrigerar. Como las energías anteriores, también se requiere para producir la electricidad que necesitan. En el caso de Texas, proveniente del gas, el petróleo y el carbón, energías altamente contaminantes.
Otra fuente de conflicto son los impuestos. Los centros de datos tienen grandes rebajas fiscales, y se calcula que Texas ha dejado de ganar 3.600 millones de dólares en impuestos, por esta rebaja.
Las manifestaciones y protestas han comenzado a ser cada vez más abudantes, porque los texanos ven que la IA consume su luz y su agua, contamina, y no paga los miles de millones de impuestos que le corresponden. A cambio, no hay beneficios palpables para ellos.
Las inversiones de la IA son estratosféricas, pero están comenzarse a toparse con la realidad: tienen dinero infinito, pero los recursos naturales no lo son. Crear centros de datos contaminantes que se alimentan de gas, además de consumir un recurso tan valioso como el agua, y no pagar casi impuestos, despierta la ira de las comunidades en donde esos centros de datos se instalan. No hay una solución fácil.


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