Durante mucho tiempo la nube ha sido vital, pero el movimiento ‘unclouding’ lo desmonta todo

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La nube pública, lo que se conoce en inglés como cloud-first, ha aparecido siempre como una solución fácil y rápida para muchísimos negocios que buscaban una rápipda expansión, además de alcanzar un punto de eficiencia a nivel financiero.

Esta ha sido muy positiva para quienes querían ahorrar costes en mantener una nube propia o todo en local, pero el mantenimiento de los centros de datos no ha hecho más que elevar los precios de optar por este tipo de nube.

A nivel global, además, esta se mantiene en unas pocas manos. Según los datos más actualizados de ingresos, Amazon Web Services (AWS), Microsoft Azure y Google Cloud se reparten el 68% del mercado, mientras que el resto corresponde a actores más secundarios, como Alibaba Cloud, Oracle Cloud (OCI) e IBM Cloud.

Estas cifras muestran una especie de oligopolio en el que unas pocas compañías se reparten la mayor cantidad del pastel, con Amazon Web Services a la cabeza con el 30% del total; o lo que es lo mismo, casi un tercio del conjunto corresponde a una sola compañía.

Con ello, estas grandes multinacionales tecnológicas tienen un grandísimo poder para concretar los precios por lo que van a vender las pequeñas parcelas de su nube, en una especie de mercado virtual que funciona prácticamente como el reparto de tierras en el mundo digital.

Ante esta tendencia, ha aparecido lo que se conoce como unclouding, un concepto que representa un regreso a las infraestructuras locales, los servidores propios o las nubes privadas, un paradigma que quizá no convenza mucho al modelo por el que apuestan en Silicon Valley.

Las causas que están llevando al ‘unclouding’

Las previsiones de ingresos en la nube privada no paran de crecer, y eso es un hecho más que evidente: para este mismo año, según los datos más actualizados, se espera que esta industria supere el billón de dólares –aunque otros análisis apuntan a 2028–, una cifra espectacular para un mercado que tampoco lleva mucho tiempo activo, pero que ha crecido gracias a la inteligencia artificial.

Algunos análisis, como el elaborado por Flexera, son bastante claros en lo que piensan los directivos tecnológicos, ya que el 82% de estos consideran que la gestión y el control de los costes en la nube son su principal desafío operativo, incluso llegando a afirmar que un gran porcentaje de los recursos contratados se desperdicia.

En tal caso, el unclouding funciona más bien como una estrategia para quedar en una solución híbrida o multinube, debido a 3 factores principales: el coste de escalar un servicio, las grandes barreras de salida del mercado y la incipiente presión de la inteligencia artificial.

En el primer factor, la nube pública es una gran oportunidad para comenzar proyectos que puedan tener picos de tráfico impredecibles, pero al comenzar a masificar los datos, un gran volumen supone que se tengan que alquilar servidores de forma indefinida, con lo que esto supone para las arcas de cualquier empresa.

En cuanto al segundo, este mercado facilita muchísimo la entrada de forma muy asequible e incluso gratuita, pero cuando un negocio amenaza con salir de la nube pública, se encuentra con tarifas abusivas, lo que puede suponer un bloqueo comercial en la práctica.

Y, por último, la IA y el uso continuo de GPUs que la alimentan han provocado que los costes se hayan elevado considerablemente, lo que ha favorecido el unclouding en compañías que tienen cargas de trabajo estables como una forma de ahorrar y de que el presupuesto no crezca hasta tal punto en el que el negocio deje de ser rentable.

La nube pública es un alquiler de por vida en el que suben los costes

Para pensar en la nube pública, la mejor comparación es con el alquiler y la compra de vivienda. Si decides alquilar de por vida, lo más probable es que sin una regulación apropiada el coste acabe subiendo –más otros costes agregados, como el precio de la vida o los ingresos estancados–. Y la nube pública es precisamente esto.

En el lado contrario, la compra sería lo mismo que poseer una infraestructura propia con servidores locales, también para lo que se conoce como gobernanza de los datos, asegurando que los datos personales sensibles de usuarios queden en manos propias, por ejemplo, en sectores tan críticos como la sanidad, la banca, la energía, etc.

Aquí cabe destacar que muchas compañías no han apostado por el unclouding radical, sino que han elegido una arquitectura híbrida, como muestran los datos: el 87% de las grandes organizaciones operan con estrategias híbridas para reservar a la nube pública tan solo los picos estacionales de tráfico.

Y ya habido ejemplos en los últimos años que han mostrado que las alternativas son más que sostenibles. Por ejemplo, con 37signals –Basecamp y HEY–, cuyos responsables decidieron abandonar la infraestructura de Amazon Web Services tras comprobar que su factura anual había aumentado hasta los 3,2 millones de dólares.

Invirtieron en hardware propio en centros de datos alquilados y fueron capaces de amortizar esta inversión en apenas 18 meses, por lo que el ahorro calculado alcanzó hasta los 10 millones de dólares en 5 años sin tener que continuar ampliando su equipo técnico.

Incluso ha habido grandes compañías del sector del almacenamiento que han mostrado cómo abandonaron las nubes públicas de terceros, como hizo Dropbox. Esta empresa realizó una migración masiva hacia infraestructuras y centros de datos con el consiguiente ahorro multimillonario a la par que su base de usuarios continuaba creciendo.

En la actualidad, entre un 20% y un 40% de las compañías de la industria aseguran que han ejecutado o tienen planes para migrar desde la nube pública hacia entornos más locales o híbridos.

Una tendencia también marcada por las legislaciones propias de cada región y por la importancia de los datos personales en entornos estratégicos y que no deberían depender de una nube pública para su tratamiento.

De momento, con un mercado valorado en más de 5.500 millones de dólares y que continúa creciendo.

 

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