Por primera vez, las principales sociedades médicas españolas han consensuado una recomendación unificada, donde han llegado a la conclusión de que los menores de seis años no deberían tener ningún acceso a pantallas.
El documento, presentado en el Congreso y respaldado por 13 organizaciones científicas, reúne 70 evidencias que alertan de efectos neurológicos, cognitivos y emocionales asociados al uso digital temprano.
Cabe señalar que la advertencia llega en pleno debate legislativo sobre la protección de los menores en entornos digitales. Y es que durante años, familias, escuelas y profesionales han convivido con mensajes contradictorios sobre el impacto de las pantallas en la infancia.
La ausencia de criterios comunes ha generado confusión y ha normalizado prácticas que ahora se consideran de riesgo. El nuevo consenso pretende cerrar esa brecha y ofrecer una guía clara basada en investigaciones.
Es importante destacar que la ley está actualmente en tramitación parlamentaria, y pretende convertirse en la base científica que guíe la regulación del acceso a pantallas en la infancia y adolescencia.
Qué riesgos han identificado y por qué piden cero pantallas antes de los seis años
Los expertos explican que, en la primera infancia, el cerebro atraviesa una fase de crecimiento acelerado en la que la estimulación digital interfiere en procesos esenciales.
Por ello, los estudios recopilados muestran retrasos en la adquisición del lenguaje, dificultades para mantener la atención, problemas de autorregulación emocional y mayor vulnerabilidad ante estímulos adictivos.
De hecho, la AEP subraya que incluso los contenidos “educativos” desplazan actividades fundamentales como el juego físico, la interacción con adultos y la exploración del entorno.
La Sociedad Española de Neuropediatría advierte de que la exposición temprana altera la forma en que se consolidan las conexiones neuronales, afectando a la maduración cognitiva.
Por eso la recomendación es tan estricta, ya que no existe un nivel de uso considerado seguro antes de los seis años.
El chupete digital y lo que le ocurre al apego
José Antonio Luengo, vicepresidente del Consejo General de la Psicología, describió ante los diputados el patrón que los psicólogos están observando con frecuencia en consulta: niños que regulan sus estados emocionales a través de pantallas en lugar de a través de la relación con el adulto.
Ese mecanismo de regulación, al que denominó chupete digital, desplaza el proceso de construcción del apego seguro que en condiciones normales se desarrolla precisamente en los intercambios emocionales con el cuidador.
Cuando el sistema de regulación emocional que se construye en la primera infancia a través del apego queda comprometido, la correlación con conductas adictivas en la adolescencia es estadísticamente significativa.
Esto significa que el niño que aprende a calmarse con una pantalla tiene más probabilidades de buscar ese mismo mecanismo de alivio externo en otras sustancias o conductas cuando crezca.
María Angustias Salmerón, presidenta de la Sociedad Española de la Adolescencia, introdujo en la comparecencia el fenómeno de la dependencia emocional a la inteligencia artificial.
Describió un patrón que está viendo en consulta con adolescentes que utilizan ChatGPT no como herramienta de búsqueda de información sino como referencia emocional y médica.
Pacientes que cuestionan diagnósticos clínicos porque la IA les ha dado una respuesta diferente, y que toman decisiones sobre su vida personal basándose en lo que el sistema les ha dicho.
Lo que describe Salmerón no es el uso de la IA como fuente de información sino su uso como fuente de validación, un mecanismo en el que el sistema aprende a responder lo que el usuario quiere escuchar y el usuario aprende a prescindir del criterio ajeno.
Por qué este consenso se considera un asunto de salud pública
Las sociedades médicas coinciden en que la exposición digital sin control está generando problemas que antes no existían. La combinación de riesgo neurológico en la primera infancia y dependencia emocional en la adolescencia convierte el uso de pantallas en un desafío sanitario, no solo educativo.
El documento se ha presentado en el Congreso con la intención de influir en la futura Ley de Protección a los Menores en los Entornos Digitales, que deberá establecer límites claros, mecanismos de supervisión y obligaciones para plataformas y fabricantes.


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