Toca remontarse a 2025 para entender realmente qué está sucediendo aquí. Aunque las aguas parecen un poco más calmadas, lo que empezó hace un año como una guerra comercial entre Estados Unidos y China por aranceles al acero o la soja se ha reconvertido por completo en una batalla por el control de los semiconductores.
La jugada que sentó precedente para la expansión e independencia china fue la prohibición estadounidense a NVIDIA para exportar su GPU H20 a China, un chip diseñado específicamente para cumplir con las restricciones previas.
Esto no solo fue un golpe estratosférico económicamente hablando para la compañía, con pérdidas estimadas en 5.500 millones de dólares, sino una prueba a gran escala sobre cómo los problemas políticos podían cambiar de un día para otro el desarrollo tecnológico de un país entero.
Para China, el H20 era un salvavidas: lo usaban empresas como Tencent, Alibaba o ByteDance para entrenar modelos de inteligencia artificial sin depender de tecnología más avanzada. Su prohibición simplemente forzó al gigante a cambiar por completo esa agenda de autosuficiencia tecnológica, con Huawei tratando de devolver las aguas a su cauce.
Jensen Huang lo admite: frenar el avance de China es una misión mucho más difícil de lo esperado
Y esto es precisamente lo que se ha conseguido. Sin ir más lejos, acaban de lanzar el LineShine LX2, un superordenador sin GPU occidentales.
Jensen Huang, CEO y fundador de NVIDIA, ya avisó en su momento: «China está a solo nanosegundos de Estados Unidos en fabricación de chips».
«Nos enfrentamos a un competidor formidable, innovador, ambicioso, ágil y poco regulado», advierte. Un competidor que aplica la polémica cultura laboral 9-9-6. Es decir, trabajan de 9 de la mañana a 9 de la noche, seis días a la semana. 12 horas al día, incluyendo los sábados.
Ahora, vuelve a admitir públicamente lo que muchos analistas temían, pero nadie se atrevía a decir: frenar el avance tecnológico de China se está convirtiendo en tarea imposible. Durante una entrevista, Huang ha confesado que, debido a las restricciones de exportación impuestas por la Casa Blanca, su compañía prácticamente le ha «cedido» el mercado de la inteligencia artificial del país asiático a los fabricantes locales, con Huawei a la cabeza.
El agujero que está dejando China en sus cuentas a largo plazo empieza a preocupar. No hay que olvidar que el mercado chino llegó a representar la quinta parte de todos los ingresos que Nvidia obtenía por sus centros de datos.
La explicación que da Huang es bastante simple. La demanda de chips en China sigue siendo muy alta, pero como los estadounidenses se han visto obligados a irse de la zona, las empresas de allí se están buscando la vida.
Huawei, que arrastra su propio historial de bloqueos con EEUU, acaba de cerrar un año histórico y todo apunta a que el siguiente será todavía mejor. Al prohibir a NVIDIA vender sus mejores componentes a las empresas chinas, Washington ha creado, sin querer, el escenario perfecto para que China madure rápidamente y aprenda a caminar sin los occidentales.
Ante esta situación, Jensen Huang reconoce que es mejor que no esperen nada respecto a una pronta reapertura del mercado chino. La administración de Donald Trump endureció los requisitos exigiendo licencias especiales para enviar tecnología a Pekín, y las cosas no parece que vayan a cambiar a corto plazo.
A pesar de que Huang estuvo en la cumbre sobre China celebrada la semana pasada para intentar suavizar las posturas, las autoridades comerciales de Estados Unidos ya han dejado claro que el control de los chips no es negociable. Eso sí, a NVIDIA tampoco es que le vayan a faltar ingresos.
El boom de la IA en Occidente es su gran baza, pero también deja claro que no espera que en uno o dos años todos se echen las manos a la cabeza cuando, de repente, China consiga adelantarsle por la derecha.


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