No sé si te pasa, pero con los relojes deportivos de este calibre siempre tengo la duda de si de verdad necesito tanto. Me ha pasado con algunos modelos, pero con el Garmin Fenix 8 Pro la respuesta ha sido un tanto distinta.
No es que lo necesites, es que cuando lo llevas unos días y lo pones realmente a prueba te das cuenta de que ya no quieres quitártelo. Volver a algo por debajo, por muy bueno que sea, te deja un poco fría. Es como probar el ordenador gaming más top que existe, es exagerado, pero te acostumbras rápido a lo bueno.
Este Garmin lo estuve probando en Sevilla durante varios días —con calor, sol, polvo y bastantes actividades— y vuelvo convencida de que es uno de los relojes más completos que puedes tener ahora mismo en la muñeca si te gusta tenerlo todo bajo control.
En concreto, he estado usando el de 47 mm, que no es precisamente pequeño. Al principio impone un poco, sobre todo si tienes la muñeca más bien fina, pero enseguida entiendes que ese tamaño tiene sentido: pantalla grande, batería generosa y materiales para aguantar lo que sea.
Si bien estoy acostumbrada a algo más estético para mí, rondado los 41 mm, de nuevo te das cuenta de que este puede ser el compañero perfecto para determinados momentos si eres especialmente deportista.
No hace falta que tu reloj cumpla perfectamente con eso de servir para una boda, para hacer escalada y para tomar algo con amigos, aunque eso suma muchos puntos. El Fenix 8 Pro va por otro lado y pide deporte extremo por los cuatro costados.
El cuerpo es de titanio y el cristal de zafiro, así que puedes darle guerra sin miedo. En paddle surf lo mojé, lo expuse al sol y hasta lo golpeé un par de veces con la tabla y ni se inmuta. En algunas fotos puedes ver que está completamente lleno de polvo y lo cierto es que ni siquiera la pantalla a nivel de interacción sufre.
También hemos tenido la ocasión de probarlo en circunstancias un tanto especiales, como puede ser montar a caballo, golf y hasta en una especie de entrenamiento de supervivencia en campo abierto, donde aproveché para probar el modo SOS sin cobertura.
Ese momento es el que realmente te hace pensar que este reloj es un tope de gama. Estar sin señal en el móvil, perdido en mitad de Doñana y aun así poder enviar una alerta que funciona por LTE y satélite o incluso poder mandar tu ubicación a un contacto de emergencia, es algo que te hace ver este dispositivo como algo más que mediciones de salud.
Siendo claro, no usas esta función todos los días, pero cuando ves que de verdad puede ayudarte en una emergencia real, entiendes por qué cuesta lo que cuesta.
Eso sí, matizar aquí un punto importante y es que este smartwatch cuenta con tantas funciones que al principio es realmente abrumador. No es un dispositivo al que le vayas a sacar todo el jugo precisamente por todas estas características y no vas a tardar una tarde en hacerte con los controles. Date una semana como mínimo para ponerte al día con él.
Poco a poco te vas quedando con las funciones que usas de verdad: ritmo cardíaco, oxígeno en sangre, sueño, estrés, energía Body Battery … y sobre todo, su precisión con el multibanda GPS, que es espectacular. Te clava la ruta incluso cruzando zonas muy cerradas entre edificios.
Por su puesto no todo puede ser bueno, y, al menos en mis pruebas estos días, noté es que si lo tienes todo el día conectado al móvil, con notificaciones, llamadas y todo tipo de funciones activas, la batería del teléfono desciende en picado. No es algo excesivo ni tampoco es algo que sea normal en el día a día, pero está ahí y debes tenerlo en cuenta en el caso de que quieras pasar un día completo haciendo una ruta de senderismo.
En cambio, si lo usas en modo sin conectividad, el reloj aguanta días y días. Garmin dice que llega a unos 15 días y no exagera porque precisamente diseñados para darlo todo.
En cuanto al precio, no hay forma de evitarlo: es un reloj caro. Este modelo puedes encontrarlo por 1.200 euros. Pero, sinceramente, no lo veo como un capricho, sino como una inversión. Es de esos dispositivos que sabes que te van a durar años. No se desgasta fácil, y cuando decidas cambiarlo será más por darte el gusto de tener algo nuevo que por necesidad real.
Siendo sinceros, la gama alta de móviles se sitúa en esta franja, incluso por encima, y solemos cambiar cada dos o tres años. Aquí tienes algo para bastantes más y, por su puesto, no se trata solo de un reloj deportivo al uso, ya que lo tiene todo —a excepción de la posibilidad de incluir una tarjeta SIM para olvidarte del móvil por completo— para estar conectado.
Viene con mapas integrados, almacenamiento para música, linterna LED muy práctica por la noche, modo ECG, comunicación por LTE y hasta métricas muy completas para entrenar y recuperarte.
Después de probarlo a fondo, aunque aún tengo que estirarlo un poco más, me quedo con una sensación muy clara: el Garmin Fenix 8 Pro no es un reloj para presumir —aunque depende del entorno en el que te muevas—, sino para quienes de verdad disfrutan el deporte y quieren apostar por lo seguro, pese al precio.
En ese sentido, Garmin ha entendido que la verdadera independencia no la da la pantalla o la batería, sino la tranquilidad de saber que el reloj te cubre en absolutamente todo.


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