La inteligencia artificial ya no vive solo en chatbots y pantallas inteligentes, sino que cada vez más está metida dentro de robots que escuchan, responden y se mueven cuando les hablas.
Ese es el punto de partida del último viaje de Jon Hernández, experto español en IA y youtuber, que ha estado en China probando algunos de los robots más avanzados que hoy puedes comprar en el mercado.
En su recorrido se encuentra con dos mundos que convergen. Por un lado, un robot mascota de escritorio pensado para el salón de casa. Por otro, robot perro y humanoides diseñados para empresas y tareas de seguridad.
Al final, todos comparten la misma idea de fondo, que es un «cerebro» con IA conectado a un cuerpo físico que es capaz de ejecutar acciones en función de lo que oye y ve.
Un robot de escritorio con sensores, emociones y voz
El primer robot que prueba Hernández es EMO, una especie de mascota. Se trata de un dispositivo con sensores, detección facial, micrófonos y motores que le permiten moverse, girarse, reaccionar cuando lo tocas o lo levantas e incluso simular estados de ánimo.
Responde a comandos de voz sencillos y puede poner música, bailar, hacer gestos y dar pequeñas respuestas como lo haría un asistente de voz. Su comportamiento cambia según el tipo de interacción que reciba, generando una sensación de personalidad propia.
Cabe señalar que la aplicación móvil asociada permite activar modos pre programados en los que el robot ejecuta secuencias de acciones sin intervención constante.
Lo relevante aquí no es que haga trucos, sino que ya existe una capa de IA que interpreta lo que se le dice, toma una decisión y la convierte en movimiento físico. Es una demostración de cómo un modelo de lenguaje empieza a gobernar un cuerpo, aunque sea en formato juguete.
Humanoides y robots perros que obedecen a la voz
Por otro lado, el experto también habla de Unitree, una de las empresas chinas que más ruido está haciendo en robótica. A través de SynergyTech, Jon Hernández tiene acceso a robots perro y humanoides pensados para tareas de patrulla, inspección y trabajos en entornos industriales.
Estos aceptan órdenes de voz simples, como levantar un brazo, saludar, caminar hacia un punto, agacharse. La IA se encarga de traducir lo que escucha en instrucciones para motores, articulaciones y sistemas de equilibrio.
Los movimientos están todavía dentro de un repertorio acotado, pero marcan una diferencia clara respecto a generaciones anteriores de robots que dependían de programación y control remoto.
El mensaje que transmite el experto es que la lógica que ya hemos visto en EMO se está replicando en plataformas más serias. Un mismo patrón, que es un cerebro de IA que escucha, decide y mueve un cuerpo, solo que ahora ese cuerpo puede cargar peso, subir escaleras o desplazarse.
China acelera para liderar la robótica
El contexto de fondo es que China quiere ocupar una posición central en esta nueva robótica. Empresas como Unitree, junto a otros fabricantes locales, se apoyan en una cadena de suministro propia de sensores, motores, baterías y electrónica de control.
Gracias a todos estos elementos, están llevando al mercado robots que hace pocos años habrían sido solo prototipos. Productos de consumo como EMO y de plataformas industriales relativamente asequibles encaja con una estrategia clara.
Escalar la producción, reducir costes y combinar hardware avanzado con inteligencia artificial. Mientras buena parte del foco occidental está en el software de IA, China empuja fuerte en la integración entre cerebro y cuerpo.
Las pruebas que cuenta Jon Hernández son un escaparate de esa carrera. Muestran que el discurso sobre «robots brutales» no se queda en marketing, sino que empieza a materializarse en dispositivos que puedes ver, tocar y ordenar por voz.
Y al final apuntan a un escenario en el que el país asiático aspira a ser algo más que un gran fabricante. De hecho, su objetivo es que quiere convertirse en candidato serio a liderar la robótica aplicada a gran escala y ser una potencia en este mercado.


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