Cuando los chatbots estilo ChatGPT o Gemini llegaron a tu vida y a tu trabajo, parece que te vendieron el sueño de que sería la máquina la que se encargase de las tareas más pesadas, mientras que tú tendrías por fin tiempo para hacer algo de más valor.
En teoría, se iba a trabajar menos y mejor. Sin embargo, la realidad es diferente y una investigación de Harvard lo explica. La IA no está reduciendo la carga de trabajo; la está llevando hasta niveles que rozan lo insostenible.
El estudio, que duró ocho meses en una empresa tecnológica, analizó cómo los empleados usaban herramientas como ChatGPT o Copilot en su día a día. El resultado fue que los trabajadores empezaron a ir más rápido, a llegar a tareas que no les correspondían y a estirar sus jornadas laborales hasta que los límites entre la oficina y la vida personal desaparecían.
Lo más curioso es que nadie se lo pidió. Los propios empleados, motivados por la sensación de poder hacer más gracias a la IA, se metieron solos en toda esta rueda.
De forma simple, si antes necesitabas más tiempo para poder hacer tus tareas y te tomabas descansos en medio, ahora ese momento de libertad se convierte en alcanzar a hacer más trabajo.
Al final, la IA consigue meterte en un círculo vicioso. Como todo va más rápido, los empleados dependen más de la IA para seguir el ritmo. Y como dependen más de la IA, se lanzan con proyectos para los que no están preparados.
«Pensabas que ahorrarías tiempo para trabajar menos, pero no es así. Simplemente trabajas lo mismo, o incluso más, porque ahora puedes hacer mucho más», comentan.
Sin ir más lejos, esta, aunque llevaba al extremo, es la realidad que vive Binny Gill, fundador y CEO de Kognitos, una empresa que usa la inteligencia artificial generativa al estilo ChatGPT para automatizar procesos comerciales. Para este, la idea de trabajar los fines de semana es algo que ya casi se normaliza, y cree que más empresarios podrían sentirse obligados a seguir el mismo camino a medida que la IA se integra en el entorno laboral.
La trampa de la multitarea en la que la inteligencia artificial te ha metido
Uno de los puntos más curiosos del estudio es cómo la IA ha alentado una multitarea agresiva. Los empleados ya no hacen una cosa a la vez; ahora gestionan varias tareas en paralelo porque sienten que tienen una mano derecha que se encarga del trabajo pesado.
Mientras el humano escribe un informe, la IA está limpiando código o analizando datos en otra ventana. La realidad de todo esto es que te metes de lleno en un cambio de atención continuo que agota el cerebro y aumenta las probabilidades de cometer errores.
Además, ha aparecido un fenómeno que los investigadores llaman expansión de tareas. Como la IA rellena los huecos que a ti te faltan a nivel de conocimiento, mucha gente ha empezado a meterse en proyectos que no son de su competencia.
Al principio, es cierto que ver que la productividad se dispara es un sueño hecho realidad para cualquier empresa. Pero es un grave problema. Si no se gestiona, el resultado es el burnout, o síndrome del trabajador quemado. La gente se quema no porque se lo ordenen, sino porque la herramienta les empuja a no parar nunca.
A todo esto se le suma otro aspecto: hay que aprender a usar todas esas herramientas de golpe. Y no es fácil, no es instantáneo, ni mucho menos intuitivo si no estás acostumbrado.
Esa curva de aprendizaje significa que, de momento, estás trabajando más horas para usar la IA de forma decente, no menos. Y encima sin garantía de que este chatbot no te dé sorpresas con respuestas falsas, ideas absurdas, errores por todos lados… La IA está lejos de ser ese asistente perfecto que imaginábamos.


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