‘Elon time’, el concepto que explica por qué Musk no llegará a Marte en el tiempo que promete

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A Elon Musk, uno de los hombres más poderosos y ricos del mundo, se le atraganta el tiempo o, al menos, eso parece.

Entre los aficionados a seguir la actualidad de Silicon Valley y el dueño de Tesla, es muy habitual escuchar coloquial y satíricamente el término «Elon Time», que se refiere a los vaivenes que Musk tiene entre las fechas prometidas y las fechas finales de lanzamiento.

Según él mismo ha reconocido en varias ocasiones, esto se debe a que sus estimaciones siempre se basan en el «mejor escenario posible», el estado ideal en el que no existen problemas en las cadenas de suministro, tampoco fallos ni otro tipo de catástrofes imprevistas, como las climáticas.

Esta idea, no obstante, no es fruto del ingenio de Elon Musk, sino que se centra en la conocida como Ley de Párkinson: la cantidad de trabajo disponible se expandirá hasta llenar el tiempo disponible.

O en el caso concreto de Musk, reducir hasta el absurdo los tiempos disponibles para comprimir en dicha franja de tiempo el desarrollo de tecnologías que, en cualquier caso, tardarían décadas en planificarse y probarse.

Y esto ha ocurrido en prácticamente todas sus intervenciones, independientemente de la compañía en cuestión –Tesla, SpaceX, Neuralink, etc.–, con varios años de retrasos importantes que parecen no pasarle factura, como puedes apreciar en el siguiente gráfico:

A pesar de que esta práctica resultaría lógica, tanto para acumular presencia mediática como para lograr los objetivos con antelación, la realidad dista ligeramente de esto, sobre todo si se tiene en cuenta que las industrias de las empresas de Musk suelen acumular retrasos en tecnologías punteras.

Sea como sea, este concepto satírico ha llevado a que aparezcan incluso páginas web que calculan, de una u otra forma, el paso del Elon Time a los años reales. Y llevan bastante razón.

La hoja de ruta de Elon Musk con SpaceX: un pie en la Tierra y otro en Marte

En abril de 2011, Musk sorprendió a todos los medios de comunicación, durante el National Press Club en Washington D.C. (Estados Unidos), con una de sus propuestas más rompedoras, el Falcon Heavy.

Este megacohete, que sería el más potente del mundo, realizaría su primer vuelo desde Cabo Cañaveral –zona de lanzamiento de SpaceX– antes de que terminara el año 2013, quitando hierro al asunto y asumiendo que podían hacerlo fácilmente con lo aprendido en el Falcon 9.

Ahora bien, en el caso del Falcon Heavy no solo era necesario acoplar 3 núcleos de cohetes para triplicar su capacidad, sino también pensar concienzudamente en que esto cambia notablemente el perfil aerodinámico de toda la aeronave.

SpaceX retrasó hasta en 3 ocasiones el lanzamiento inaugural del Falcon Heavy, hasta que finalmente en 2018 consiguió despegar, llevando al espacio el Tesla Roadster personal del propio Musk.

Y esto mismo ocurrió con el optimismo de llevar astronautas a la Estación Espacial Internacional (EEI), ante la dependencia en 2014 de las Soyuz de Rusia; según Musk, la Dragon V2 –después conocida como Crew Dragon– lograría este hito en 2017, en alineación con lo planeado por la NASA.

Desafortunadamente, SpaceX no cumplió con los estándares de seguridad de la NASA hasta el año 2020, fecha en la que consiguió finalmente transportar a los astronautas Bob Behnken y Doug Hurley a la EEI.

Pero si la visión espacial de Musk es megalómana, la cosmovisión lo es aún más, algo que se puede ver con todas las promesas en el tiempo sobre la conquista de Marte, un hecho que aún parece quedar bastante lejos.

En 2016, durante el Congreso Astronómico Internacional –IAC, por sus siglas en inglés– celebrado en México, Musk se atrevió a ofrecer una hoja de ruta que parecía sacada temerariamente del terreno de la ciencia ficción.

Así, SpaceX estaría llevando naves automatizadas con carga útil a Marte para 2022, mientras que la primera misión tripulada por humanos llegaría tan solo 2 años después, en 2024.

Además de que las ventanas de lanzamiento a Marte se abren cada 26 meses, SpaceX tenía que crear motores de ciclo de combustión de flujo completo; esto llevó a una revisión inicial en 2020 que situaba a los humanos en el planeta rojo para 2026.

Finalmente, parece que los seres humanos no llegarán a Marte hasta bien entrada la década de 2030, quizá una de las franjas temporales más abismales en el conocido como Elon Time.

‘Elon Time’, Tesla y el marketing estratégico

En la compañía de movilidad de Musk, la estrategia ha sido casi siempre la de mantener la atención mediática con propuestas que tardarían décadas en llegar o, directamente, con retrasos en la producción de enseñas míticas de Tesla.

A finales de 2016, en una reunión sorpresa con inversores y medios de comunicación, Musk prometió que todos sus coches desde aquel momento tendrían lo necesario para alcanzar una autonomía de Nivel 5.

Según el dueño de Tesla, uno de sus coches sería capaz de realizar a finales de 2017 un viaje de costa a costa por Estados Unidos, algo que no llegó al año siguiente ni en posteriores, aunque siempre con la promesa de Musk de que estaría al caer.

Y lo mismo ocurrió con Tesla Cybertruck, asegurando que las primeras unidades comerciales llegarían en 2021, aunque no se vieran hasta finales de 2023; y así con otro modelos, como el Tesla Semi o el Roadster Gen 2.

En cualquier caso, a Musk parece funcionarle muy bien este concepto, ya que consigue 3 objetivos clave: atraer la atención mediática; mantener el capital de los inversores, y presionar a sus equipos de trabajadores.

Incluso con sus tiempos totalmente impredecibles, las compañías de Elon Musk han sido capaces de superar tiempos respecto a otros gigantes de la industria, así que algo hay de estrategia.

 

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