Aunque todavía no han dado el gran salto que muchos consideran inminente (otros no tanto, esa es la verdad), cada vez es más habitual encontrarse con robots humanoides diseñados para casi todo lo que uno pueda imaginar. Desde trabajar en fábricas hasta establecer relaciones familiares. Ahora, estudios han puesto la lupa en el mundo de la medicina, en concreto de la salud mental.
La gran pregunta a la que estos profesionales han querido dar respuesta es la siguiente: ¿pueden los robots humanoides mejorar la salud mental y convertirse en parte del futuro de la medicina? Según muchos investigadores, la respuesta podría ser positiva, siempre y cuando se tengan en cuenta factores tan importantes como la propia empatía y su comportamiento con los pacientes.
¿Son los robots el futuro de la medicina?
Investigadores de la Universidad de Victoria (Canadá) han decidido analizar a fondo el impacto que los robots humanoides pueden tener dentro de la medicina. Ven una relación entre estos y problemas cada vez más cotidianos, por desgracia: envejecimiento de la población, falta de personal sanitario, aumento de los trastornos de ansiedad y depresión, etcétera.
Sobre todo porque la salud mental es algo que cada vez se tiene más presente. Antes no sucedía así, pero de un tiempo a esta parte numerosos estudios están llevando a cabo descubrimientos fascinantes, incluso que tienen que ver con el envejecimiento del cerebro. Los robots, dicen, pueden ser importantes para interactuar con las personas enfermas a muchos niveles.
Hoy en día, de hecho, ya existe la tecnología suficiente como para detectan expresiones faciales, tono de voz, lenguaje corporal o incluso patrones de conducta. Todo es gracias a la inteligencia artificial, cómo no. Pero lo importante pasa porque estos sistemas pueden responder con gestos, palabras y comportamientos diseñados para generar confianza.
Los expertos hablan de casos reales. Uno de los más conocidos es Pepper, un robot social que se ha utilizado para reducir la ansiedad en niños antes de procedimientos médicos y durante procesos de rehabilitación. Otro robot, NAO, se ha empleado en programas de apoyo a adolescentes con enfermedades crónicas, ayudando a reforzar hábitos saludables y mantener motivación.
Conclusiones a las que ha llegado el estudio
Para empezar, los científicos han identificado una señal realmente positiva. Según ellos, la presencia de robots puede servir como distracción positiva en momentos de estrés. En entornos hospitalarios, esto puede ayudar a disminuir nervios y mejorar la experiencia del paciente. Por no hablar de las personas mayores, que muchas veces no tienen demasiada compañía. Ellos podrían jugar ese papel.
Por supuesto, existen muchas ventajas obvias: los robots están siempre disponibles, pudiéndose ocupar de los pacientes todo el tiempo, de forma quizá personalizada. No se cansan, no sufren fatiga ni se ponen enfermos. Además, al menos a priori, nunca se van a olvidar de que tomes tal o cual medicina, igual que tu despertador tampoco se olvida de sonar por las mañanas (siempre y cuando lo pongas, claro).
Pese a ello, no todo es positivo. Los investigadores creen que sí, que los robots pueden ser una parte importante en el futuro de la medicina, la atención médica y la salud mental. Pero existen peligros más allá de la evidente deshumanización que se sufriría. Sin ir más lejos, la privacidad. ¿Pueden garantizar estas máquinas discreción con los datos de los enfermos?
Si los científicos están en lo cierto, más pronto que tarde no tendría por qué ser raro ver robots empáticos (insisten mucho en este término, una y otra vez) en los hospitales. Casi como en una película de ciencia ficción. Cómo podría reaccionar la gente, eso sí, todavía es algo que está por ver.


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