A pesar de que el almacenamiento en ADN es ya posible, los mortales aún tenemos que optar por opciones menos futuristas y, por supuesto, mucho más económicas.
Aunque se suele aglutinar todo bajo el mismo saco, con el término «disco duro», lo cierto es que estos solo son los Hard Drive Disk (HDD), que guardan algunas diferencias con los de estado sólido (SDD), cada uno con sus ventajas.
Una de las grandes diferencias de los SSD respecto a los HDD es que los primeros no tienen piezas móviles, por lo que lógicamente son más resistentes en caso de que se caiga, algo que podría afectar a la localización de las piezas.
Es decir, que los SSD no necesitan ubicar de forma física los datos, sino que realizan esta tarea de forma electrónica, con un aumento importante en la velocidad de transferencia y escritura.
Actualmente, continúan existiendo varios mitos que comenzaron con su lanzamiento, aunque los SSD ya son un componente esencial para la tecnología de hoy en día.
Estos son los mitos más compartidos, que tienen que ver con su precio, su durabilidad y su capacidad máxima.
Los mitos más extendidos de los SSD
Uno de los primeros mitos sobre los SSD es la creencia de que son demasiados caros comparados con su vida útil; sin embargo, la durabilidad ya ha quedado demostrada, y puede aguantar mucho más que el propio ordenador.
Eso sí, con un ciclo de vida limitado –como ocurre con cualquier componente electrónico–, aunque te durará años, dependiendo de las especificaciones y el fabricante. Al menos, 30 años puede aguantar sin problemas.
Esto se debe a que su vida útil, más allá de las temperaturas a las que lo expongas, tiene un límite en lo que tiene que ver con la escritura de datos: de media, un SSD de unos 500 gigabytes, promete aguantar la escritura de 160 gigabytes diarios con un máximo de 5 años.
En lo que tiene que ver con un uso de cualquier usuario común, estos son valores que no vas a alcanzar jamás si solo lo quieres para almacenar fotografías puntualmente, con el objetivo de no saturar el almacenamiento de tu PC.
Por tanto, la vida útil de los SSD es bastante larga, por lo que se sitúan como un medio muy fiable para guardar tus documentos personales, sin pensar en comprar otro hasta dentro de muchos años.
Otro de los mitos más comunes es pensar que un SSD perderá datos si no se utiliza; a pesar de que esto es cierto, harían falta muchos años sin uso para que ocurra esto o haberlo sometido a temperaturas extremas. Con un uso normal, no perderás ningún dato.
Además, hay quienes pueden creer que llenarlo al máximo puede afectar a su durabilidad, algo que nunca se ha demostrado.
Algo que sí hay que tener en cuenta siempre con los SSD es reservar un 10% o 15% aproximadamente del espacio total para que no afecte al rendimiento del dispositivo; por lo demás, no se va a romper si lo llenas al máximo.
Y, quizá lo más importante, no es necesario realizar una desfragmentación, algo que sí era prácticamente obligatorio con los HDD antiguos, ya que los sistemas operativos actuales reconocen que es un SSD y llevan a cabo una tarea conocida como TRIM.
Esto garantiza en la práctica que siempre tengas un lienzo en blanco para poder escribir a la máxima velocidad, algo que los HDD no eran capaces de asimilar.


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