Cuando recordamos las imágenes del garaje de Alcorcón, con dos bomberos fallecidos tras una cadena de explosiones, entendemos por qué la Policía Nacional ha decidido que el primero en entrar no sea un agente, sino un robot.
Las autoridades cuentan con uno llamado Sira, que cuesta en torno a los 500.000 euros, y su misión es asumir el riesgo inicial en los escenarios más peligrosos para que los humanos no entren a ciegas.
Es el Sistema Robótico de Apoyo de la Policía Nacional, un perro robot que se ha sumado a rescates de alto riesgo como una pieza más del dispositivo, al nivel de los drones o los robots antibomba.
Si bien no es autónomo, sí marca la diferencia entre mandar a un humano a un entorno desconocido o hacerlo con información precisa sobre qué se va a encontrar al otro lado de la puerta.
Qué es Sira y qué papel tiene en la Policía
Es un robot cuadrúpedo de tamaño similar a un perro mediano, con un cuerpo articulado que le permite caminar, subir escalones y mantener el equilibrio incluso en superficies irregulares.
Sira depende de la Jefatura de Sistemas Especiales y se integra operativamente en Policía Científica, que es quien se encarga de las inspecciones técnicas en escenas complejas.
Su función principal es recopilar información en entornos de riesgo antes de que entren los agentes. Envía vídeo en tiempo real, audio y datos del ambiente para que los mandos valoren la situación con más garantías.
En pocas palabras, actúa como una plataforma de sensores móvil que se mueve donde no tiene sentido exponer a una persona en una primera fase.
Es importante que tengas clara una idea que la propia Policía repite a menudo cuando lo muestra en ferias y eventos: Sira no sustituye a los perros policiales ni a los equipos humanos.
Se incorpora como una alternativa en entornos extremos, donde ni un animal ni un agente deberían entrar sin saber qué hay dentro. Una estrategia que puede salvar muchas vidas.
En qué situaciones entra en acción
Sira se despliega en escenarios donde el riesgo es alto o difícil de calcular. Pensemos en incendios, edificios dañados tras explosiones o derrumbes, naves industriales con presencia de productos químicos o zonas donde puede haber gases tóxicos o radiación.
También en intervenciones tácticas delicadas, como atracos con personas atrincheradas o registros que se consideran especialmente peligrosos. El caso del garaje de Alcorcón es el mejor ejemplo de su razón de ser.
Tras la tragedia en la que murieron dos bomberos, el robot entró para comprobar el estado de la estructura, localizar focos de calor, evaluar niveles de toxicidad y ofrecer una primera visión del interior antes de que lo hicieran los investigadores.
Permite ganar visibilidad en minutos en contextos donde cada decisión errónea puede costar vidas o agravar daños. No resuelve el incidente, pero cambia las condiciones en las que se toman decisiones.
El robot camina, trota, gira sobre sí mismo y es capaz de subir escaleras, salvar pequeños obstáculos y moverse por espacios estrechos.
De hecho, puede alcanzar velocidades de varios metros por segundo, aunque en intervención prima la estabilidad y el control frente a la velocidad.
Del mismo modo, integra cámaras de alta resolución orientadas al entorno, sistemas de visión térmica para detectar focos de calor a través de humo o en oscuridad y un conjunto de sensores que miden parámetros como temperatura, humedad o gases.
Lleva también micrófonos, lo que permite registrar sonidos en el interior, algo útil para localizar posibles explosiones secundarias, fugas o incluso personas.
Cuánto cuesta y cómo se justifica la inversión
Las cifras que han trascendido sitúan el coste de cada unidad en torno al medio millón de euros. No es un dispositivo barato, ni se pretende que lo sea.
Y es que no está pensado para uso diario en cualquier patrulla, sino como recurso especializado que se despliega en incidentes concretos donde el riesgo es extremo y el margen de error mínimo.
Que un robot asuma esa primera exposición y permita tomar decisiones con mejor información tiene un valor que va más allá del precio de compra.
El incendio de Alcorcón o intervenciones en edificios comprometidos son ejemplos claros donde disponer de un «explorador» mecánico marca la diferencia.
La propia Policía es consciente de que un robot de 500.000 euros genera debate público. Por eso Sira se muestra en ferias como SICUR y en eventos abiertos, desde demostraciones en ciudades hasta carreras solidarias como Perrotón.
En estos contextos se insiste en su papel como herramienta de seguridad, se explica por qué se ha incorporado y se intenta evitar la imagen de «juguete caro» alejado de la realidad.


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