La exigencia «budista» de Steve Jobs que acabó dentro de cada ordenador de Apple aunque nadie pudiera verlo

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Alrededor de la historia de Steve Jobs siempre ha habido algunas curiosidades interesantes que vale la pena conocer. Como uno de los grandes visionarios de la industria tecnológica, tuvo que pensar y hacer las cosas diferentes para conseguir su objetivo en Apple.

No se trata solo de lo que ves en un iPhone, un iMac o un MacBook, sino de cómo se llevó a cabo la idea de un diseño limpio, minimalista y elegante.

Lo peculiar es que estas decisiones alcanzan un nivel casi filosófico al seguir uno de los principios arquitectónicos más populares: “menos es más”.

En efecto, la historia cuenta que hubo influencia del budismo zen y otros detalles que parecían una obsesión para el genio de la manzana mordida. Sea como sea, fueron clave para que Apple redefiniera los estándares de la industria y, a continuación, tienes la explicación del porqué.

Detrás del diseño de los dispositivos de Apple hay una “simplicidad profunda” propuesta por Jobs

Tim Cook ha seguido los pasos de Steve Jobs con decisiones propias y otros puntos importantes que han hecho avanzar a la compañía desde que tomó el mando, sin sacrificar la esencia pura de los productos que le dieron paso al éxito.

Ahora le toca a John Ternus mantener el legado, pero lo curioso es que antes de que todo esto empezara, la decisión del fundador sobre crear diseños minimalistas fue crucial para que hoy en día exista todo lo que hay en los iPhone y MacBook.

Esta idea «invisible» se fue forjando con tiempo para hacer una pieza fundamental en cada uno de los ordenadores y móviles de la empresa. Tal y como comparte Smithsonian Magazine, para Steve Jobs tenía que ser perfecto, algo que revolucionara por completo lo que había en el mercado.

Más allá de lograr los avances tecnológicos con la pantalla táctil y otros aspectos técnicos, el visionario de Cupertino se enfocaba en una estética de «simplicidad profunda».

Dicha ideología era clave para entender que cada elemento visual tenía que ser esencial en cada uno de los productos. No consistía simplemente en eliminar cosas, sino en deshacerse de lo que de verdad fuera impredecible.

Se dice que esta manera de pensar proviene del budismo zen porque el mismísimo Jobs pasó por una etapa de búsqueda espiritual después de abandonar la universidad y encontró esta manera de sobrellevar las cosas, algo que también aplicó en su carrera.

«La belleza está en la simplicidad, pero alcanzarla requiere entender la complejidad», es la frase que explicaba en varias ocasiones sobre el proceso de esfuerzo intelectual y creativo en la compañía.

El principio fue trasladado directamente al desarrollo de los productos de Apple y la razón por la que fue una decisión tan crucial fue porque en ese momento las otras empresas de la competencia solo se estaban enfocando primero en ingeniería interna y después adaptaban esto a una carcasa exterior.

Es decir, no le estaban prestando la suficiente atención a la repercusión que tenía el diseño general y cómo este también era parte del funcionamiento de todo el sistema del hardware, además de la estética.

Cómo debía sentirse el producto, cómo debía lucir y adaptar la ingeniería a esa visión es lo que hacía al gigante de Cupertino algo especial y fue también lo que cambió la forma en que se diseñan dispositivos tecnológicos.

Sin embargo, su exigencia iba todavía más allá. Jobs insistía en que incluso las partes internas de los ordenadores, aquellas que el usuario nunca vería, debían estar perfectamente organizadas y diseñadas.

Para él, si estos puntos fallaban, era símbolo de mediocridad. Esta visión recuerda a un principio clásico del diseño artesanal: un buen carpintero nunca deja la parte trasera de un mueble sin pulir, aunque quede contra la pared. En Apple, esa idea se convirtió en norma.

Según los reportes, fue toda una obsesión de Steve Jobs y es algo que se originó en su infancia al admirar las casas de estilo Eichler en California que estaban inspiradas en la arquitectura moderna de Frank Lloyd Wright.

Espacios abiertos, líneas limpias y una integración de los materiales elegante. Posteriormente, hizo contacto con el movimiento Bauhaus de «menos es más», un principio popularizado por el arquitecto alemán Ludwig Mies van der Rohe en 1930 para el lema.

Con todo esto, entendió que el diseño no solo debía ser bello, sino también intuitivo. El usuario debía poder interactuar con el producto sin esfuerzo y se convirtió en uno de los pilares del “ADN Apple”.

 

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