En julio de 2025 se anunció por todo lo alto. Grok ya tiene un hijo, un Baby Grok para que los niños jueguen con él. En concreto, se trata de una versión infantil de Grok. Con esta, quiere que los niños se acostumbren sumisamente a la IA, para tenerlos enganchados desde que tienen uso de razón.
Se supone que esta inteligencia artificial para niños responderá a preguntas sencillas, contará historias y adivinanzas, cantará canciones… Aunque conociendo al dueño de X, puede salir con cualquier cosa. Esto es precisamente lo que le pone los pelos de punta a los expertos.
En concreto, Federico Juárez, director de la Cátedra de IA de la UCAM ha querido dejar claro en COPE que esta nueva app creada por Elon Musk se trata de «un monstruo disfrazado de un personaje de Walt Disney» y un «arma de manipulación masiva». «Yo no dejaría, desde luego, yo tengo dos hijas, no dejaría a mis hijas en manos de una aplicación diseñada por Elon Musk», añade.
El experto explicó en La Linterna que esta aplicación crea vínculos afectivos con los usuarios que, en el caso de niños y adolescentes, pueden ser incluso peligrosos. Además, habla muy seriamente de la dependencia emocional que la IA genera, especialmente en jóvenes que ven en estos sistemas «un amigo que no juzga».
El psicólogo José de Sosa también alerta en COPE del riesgo de nuevas adicciones digitales, y Juárez lo ve claro: extender este tipo de tecnologías sin control parental es dejar una bomba de relojería.
En concreto, ha hablado de un escenario que califica como un «momento Oppenheimer» de la inteligencia artificial, es decir, un punto donde es vital para todos decidir qué límites éticos, legales y sociales se aplican a tecnologías con potencial para influir de lleno en el comportamiento humano.
Atento Elon Musk, Grok ya está en el punto de mira de los expertos
Su inteligencia artificial Grok, que según el multimillonario CEO de Tesla es «la IA más inteligente de la Tierra», acumula desde su lanzamiento una buena dosis de polémica. No solo por cómo se comporta al tratar temas delicados, sino por las dudas sobre su seguridad y fiabilidad.
Los expertos advierten que la permisividad con la que Grok trata ciertos asuntos podría no quedarse en temas inofensivos, sino llegar a escalar a problemas mucho más serios como la posible desinformación masiva o, incluso, la facilitación a la hora de crear armas biológicas.
El problema viene de lejos. Grok ha mostrado siempre una ‘vena rebelde’, sin las restricciones éticas que sí aplican otras IA de la competencia como ChatGPT o Claude. Esto ha generado gran preocupación, especialmente porque el Departamento de Defensa de Estados Unidos ha firmado contratos millonarios para usar Grok, igual que lo ha hecho con otros sistemas.
Una senadora estadounidense, Elizabeth Warren, ha sido una de las voces que alertan sobre el riesgo que supone que Grok pueda estar filtrando información gubernamental a las empresas vinculadas a Musk, un personaje que, recordemos, jugó un papel de mano derecha en la administración Trump.
Aquí se puede decir que la transparencia brilla por su ausencia. Grok es una de las IA menos transparentes del sector, y sus responsables parecen apostar más por arreglar problemas tras su aparición que por prevenirlos desde el diseño. Esto, sobre todo si metemos de por medio una versión ‘adaptada’ para niños, preocupa y mucho.


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