José Elías, tanto para bien como para mal, ha conseguido crear un auténtico imperio que engloba todo lo habido y por hacer: desde energía renovable hasta la alimentación congelada, pasando por otras cientos de empresas y sectores.
Con esto como base, escucharle nunca está de más, sobre todo si para ti este es un referente y quieres lanzar al mundo del emprendimiento.
Sin embargo, hay un pequeño problema llamado inteligencia artificial, inevitable ya en 2025 y que a Elías no le termina de convencer.
«La mayoría de emprendedores quieren encontrar buenas ideas de negocio, pero las buscan en ChatGPT… ERROOOR. Es más fácil que eso: Yo la mayoría de los grandes negocios que he hecho ha sido escuchando a la gente», comenta en X.
Como era de esperar, este tuit se ha llenado con todo tipo de comentarios, coincidiendo en su mayoría con que la IA genera propuestas genéricas, difíciles de convertir en proyectos reales. Otros defendieron que ChatGPT puede servir como punto de partida, aunque Elías cree en algo distinto: la observación del entorno y las personas.
«Simplemente eso. Salgo de la cueva, miro a mi alrededor, escucho a la gente, veo cuáles son sus necesidades, identifico por cuáles están dispuestos a pagar dinero. Y, sobre todo, huye de todo aquel negocio que tenga alternativas gratis. Puedes hacerlo mejor, más bonito, con más funcionalidades… Pero si la competencia es la palabra mágica ‘gratis’, lo tienes jodido.», añade.
Si bien es cierto que esta idea puede sonar un tanto antigua, Elías la defiende a capa y espada. Para él, esto es realismo puro y duro.
En Audax Renovables apostó por energías limpias cuando aún eran un nicho caro. En La Sirena, recuperó una marca tradicional, modernizándola sin perder el foco en algo básico: vender comodidad a personas reales, no algoritmos.
Según explica, el problema de muchos proyectos impulsados desde la IA es que nacen mirando un monitor y no a las personas. Para este, la realidad te da ideas que internet no muestra. Las verdaderas oportunidades llegan observando comportamientos humanos: lo que la gente compra, lo que evita, lo que necesita y no encuentra.
Aunque es un nato perseguidor de la polémica y el debate, no se puede negar que este es su mayor éxito. De forma simple, siempre dice lo que piensa, o lo que muchos no se atreven a decir, con un lenguaje que cualquiera es capaz de comprender.
«Estos profesionales no necesitan la IA y podrán llegar a cobrar 200 euros la hora»
Por otro lado, para este, las profesiones como la ingeniería, la arquitectura o el derecho están en declive. No porque hayan perdido su utilidad, sino por dos motivos fundamentales que deberías tener en cuenta si estás formándote o pensando en tu futuro profesional.
El primero es la saturación del mercado, puesto que se considera que hay demasiados ingenieros y arquitectos para las oportunidades reales disponibles. Durante años, estas carreras han sido promocionadas como las más rentables, lo que ha provocado una sobreoferta de profesionales cualificados que ahora compiten ferozmente por escasos puestos.
Por otro lado, el segundo, y más disruptivo, es la irrupción de la inteligencia artificial. Esta tecnología no solo complementa el trabajo de estos perfiles, sino que está empezando a sustituirlo. Desde cálculos estructurales hasta diseño de planos, pasando por la redacción de documentos legales, la IA ya es capaz de ejecutar muchas de las tareas que antes requerían años de formación universitaria.
Incluso en el ámbito jurídico, los abogados comienzan a ver como herramientas de IA, revisan contratos, analizan jurisprudencia y redactan informes legales en cuestión de segundos. Si los algoritmos continúan avanzando a este ritmo, muchas funciones de estos perfiles quedarán relegadas a una supervisión superficial, y no a la ejecución principal del trabajo.
Frente a este escenario incierto para las profesiones técnicas y universitarias, Elías lanza una predicción que rompe con todos los esquemas, afirma que los trabajos del futuro, los realmente bien remunerados, serán los oficios manuales.
Fontaneros, electricistas, carpinteros o mecánicos, que durante años se han considerado trabajos secundarios, comienzan a posicionarse como las más necesarias y valoradas. ¿La razón? Son tareas mucho más difíciles de automatizar, requieren intervención física directa y, además, sufren una grave falta de relevo generacional.


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