Expertos alertan: los discos SSD no son eternos, si no se utilizan pierden datos lentamente

​​

Los SSD son las unidades de almacenamiento más importantes en la actualidad, pero no son eternos. Si bien funcionan sin piezas móviles y ofrecen velocidad en transferencias, su retención de datos depende de la carga que permanece en las celdas NAND, una carga que se degrada con el tiempo.

Si un SSD pasa meses —o años— sin energía, es decir, sin que lo utilices, la información que guarda no permanece intacta para siempre, algo que muchos usuarios pasan por alto al guardarlos en el cajón o incluso en el trastero.

La popularidad del SSD ha construido una imagen de seguridad absoluta, casi superior a la del disco duro tradicional, pero el almacenamiento prolongado sin conexión eléctrica revela el matiz que conviene tener claro.

Y es que lo que hoy está almacenado puede no estarlo mañana si la unidad no se utiliza por un tiempo prolongado. ¿Cuánto dura realmente un SSD con los datos y el cable desconectado? Es importante mencionar que la velocidad que ofrece este tipo de unidad es su mayor virtud, pero la retención de datos es su talón de Aquiles.

Qué ocurre dentro de un SSD cuando deja de recibir energía

El almacenamiento en un SSD no se basa en magnetismo como un HDD, sino en la carga eléctrica que se almacena en celdas NAND. Esa memoria es no volátil, sí, pero no infinita.

La retención de información depende del voltaje que permanece atrapado en los transistores. Por ello, cuando la unidad deja de recibir energía, la carga no desaparece de inmediato, pero empieza a degradarse lentamente.

Desde XDA Developers afirman que el tiempo sin alimentación es la variable que más pesa en la ecuación. Y es que un SSD QLC suele mantener datos alrededor de un año; la memoria TLC puede llegar a dos o tres si se conserva en condiciones correctas.

Por otro lado, la gama MLC o SLC, orientada a entornos profesionales, tiene una retención superior, teórica, incluso de cinco a diez años, aunque estas unidades rara vez se utilizan en entornos domésticos.

Aquí la cifra cuenta, pero lo que importa es su lectura, ya que la mayoría de SSD comunes utilizan TLC o QLC, por lo que almacenarlos desconectados durante largos periodos no garantiza estabilidad.

Da igual que estén nuevos, con poco uso o recién formateados. Al final, si pasan demasiados meses sin energía, la información puede degradarse hasta volverse irrecuperable, lo cual es peligroso.

Un SSD no es eterno

La degradación no solo ocurre cuando la unidad de almacenamiento no se utiliza por un largo periodo de tiempo, sino también porque cada celda NAND que integra soporta un número limitado de escrituras antes de estropearse.

Es por esta razón que un SSD activo envejece por desgaste eléctrico; un SSD que no se usa envejece por pérdida de carga. Aunque son dos riesgos distintos, al final se trata de un mismo destino si se ignora la naturaleza del soporte.

Cabe señalar que si lo dejas de usar durante días o semanas no supone un problema. Tampoco una hibernación prolongada entre proyectos, pero cuando el periodo se extiende a más de un año sin recibir energía, el riesgo crece.

Cómo proteger realmente tus datos

El SSD es rápido, cómodo y silencioso, pero no debe ser el único lugar donde guardas proyectos, fotos familiares o documentos irremplazables. La respuesta no está en elegir la NAND más duradera, sino en tener copias de seguridad.

La estrategia más usada sigue siendo la regla 3-2-1: tres copias, en dos medios distintos, con una fuera del dispositivo principal. Puede ser un PC, más un NAS, más un servicio en la nube, porque si una unidad falla, otra toma el relevo.

Nada impide usar un SSD como almacenamiento, lo importante es no convertirlo en la única copia. Si se va a guardar información durante años sin abrir el dispositivo, conviene revisar su estado periódicamente, conectarlo, verificar la lectura y mover los datos a otro soporte de vez en cuando.

Esta unidad de almacenamiento es excelente para trabajar y mover archivos. Lo que no garantiza es guardar de forma permanente la información cuando la unidad se queda sin energía durante mucho tiempo.

Las unidades QLC suelen mantener los datos alrededor de un año cuando no reciben energía y las TLC pueden llegar a conservarlos dos o tres años si están en buenas condiciones. Los modelos más resistentes apenas se venden en el mercado.

Así que, para guardar información importante durante largos periodos de tiempo, no basta con un solo SSD: lo razonable es tener varias copias, preferiblemente en distintas unidades o dispositivos, y revisarlas cada cierto tiempo.

 

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *