Es difícil pensar en cómo era la vida sin smartwatches, pero algunos también podrían decir que se complica la cosa si intentan recordar cómo era utilizar relojes sencillos, sin millones de funciones enfocadas a la actividad física y la salud.
Lo cierto es que uno nunca deja de aprender sobre estos dispositivos, que con el tiempo van reformulando sus funcionalidades para ofrecer opciones mucho más completas y conseguir parecerse un poco más a un pequeño médico de muñeca.
Porque, ¿quién iba a creer que un reloj inteligente sería capaz de medir nuestra frecuencia cardíaca, saber las horas que hemos dormido, cómo ha sido la calidad del sueño y cómo sabe cuándo nos va a bajar la regla de acuerdo a un análisis hormonal?
Lo más parecido que encontramos a un instrumento médico lo vimos con el Huawei Watch D2, un smartwatch para la salud que viene con una correa inflable para realizar pruebas de presión arterial. Esto es, un control ambulatorio a tu alcance sin necesidad de acudir a un centro médico.
Si bien esto es solo una excepción, la gran mayoría de smartwatches cuentan con una gran variedad de sensores dedicados a la salud y funcionalidades que rápidamente pueden darnos una idea de cómo nos encontramos físicamente. E, incluso, emocionalmente.
Muchos sensores, pero no demasiado precisos
La gran mayoría de marcas se recrean en las decenas de funciones enfocadas a la salud que vienen incorporadas en sus relojes inteligentes, pero no todas reconocen que algunas de ellas no son del todo precisas con sus mediciones.
Así lo sugieren algunas investigaciones recientes que, tal y como recoge Wired, que señala que los dispositivos inteligentes pueden medirlo «casi todo», aunque no todas las métricas —variabilidad de pulso, oxígeno en sangre, sueño REM, etc.— tienen el mismo valor.
Según un estudio del Instituto Multidisciplinario de Publicaciones Digitales (MDPI) publicado en 2024, la medición de la frecuencia cardíaca suele ser precisa, especialmente cuando la persona que lleva el dispositivo está en reposo.
Sin embargo, este mismo informe determina que el gasto calórico estimado continúa siendo uno de los indicadores menos confiables y que sus variaciones pueden volverse clínicamente irrelevantes.
Las mediciones del sueño aún tienen margen de mejora
Este medio también ha mencionado otra investigación centrada en la precisión de los sensores ópticos, que ha mostrado que, a medida que aumenta la intensidad del movimiento del usuario también crece el margen de error que son capaces de ofrecer las mediciones electrocardiográficas.
Las mediciones del sueño, por otra parte, también generan dudas. A título personal diré que son a las que menos doy credibilidad, debido a que en más de una ocasión he comprobado que con solo estar tumbada en la cama el reloj lo entiende como que ya estoy dormida.
Y es que es habitual que las aplicaciones dedicadas a la salud reflejen las horas de sueño para puntuar su calidad, así como un desglose de lo que considera que ha sido sueño profundo, ligero y REM. Todo esto, además, lo hacen para que tengas un control de cómo evoluciona o se mantiene tu descanso.
Según esta investigación, la identificación de las fases especificas sigue sin alcanzar la fiabilidad de un estudio profesional del sueño, para lo que sí es necesario un equipo médico que pueda registrar las ondas cerebrales (EEG), la actividad muscular y la respiración, entre otros factores.
En cualquier caso, conviene recordar que casi la totalidad de todos los dispositivos de este tipo, como smartwatches o fit bands indican en todo momento que no sustituyen bajo ningún concepto una herramienta médica utilizada para los mismos fines.


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