El debate sobre qué trabajo sobrevivirán al avance imparable de la inteligencia artificial está en boca de todos. Cuando uno piensa en qué empleos podrían salvarse de sustituidos por la IA, todos solemos pensar en oficios centrados en la empatía o habilidades de tipo manual, como los fontaneros. Sin embargo, el cofundador de Microsoft, Bill Gates, ha puesto sobre la mesa una perspectiva completamente diferente.
El magnate y filántropo ha identificado una profesión que considera absolutamente inmune a la automatización de la inteligencia artificial, lo llamativo de su argumentación es que no se trata de una actividad fuera del alcance de las máquinas, sino en la psicología del propio ser humano.
Se trata de la profesión de deportista profesional, Según Bill Gates, «si bien la IA podría asumir muchas tareas humanas, nadie querría ver a computadoras jugando béisbol».
Bill Gates y la «narrativa del esfuerzo humano» frente a la IA
Sin duda unas declaraciones sorprendente ya que durante los últimos meses hemos vistos a todo tipo de robots humanoides logrando habilidades que hasta ahora parecían imposibles, desde dar volteretas, hasta practicar deportes tan completos como el tenis o el fútbol, con mayor o menor precisión.
También hemos visto brazos robótico puede encestar canastas con una precisión del 100%, o programas capaces de derrotar a los Grandes Maestros del mundo del ajedrez. Sin embargo, Bill Gates señala que el verdadero valor de un deportista no radica en la perfección del resultado, sino en la «narrativa del esfuerzo humano».
El motivo por el fundador de Microsoft cree que los deportistas profesionales están a salvo de quedarse sin empleo por culpa de la inteligencia artificial es por los varios factores emocionales intrínsecos del ser humano que la tecnología jamás podrás alcanzar.
Para Gates, lo que hace emocionante a un partido de fútbol como los que estamos viendo el Mundial 2026, una final de Grand Slam de tenis o la final de los 100 metros lisos de unos JJOO, es la posibilidad del fallo, la superación y la presión psicológica del atleta. Y es que un robot no siente presión; una máquina no se emociona.
Ver ordenadores con una potencia de cálculo infinita o robots humanoides que no se cansan jugar un partido perfecto de cualquier deporte resultaría aburrido para el público.
Se pierde el drama, la incertidumbre del resultado y el factor sorpresa que hacen grande al deporte profesional, por no hablar del apego personal del público con un deportista o equipo. Imagínate una Selección Española de Fútbol con robots humanoides genéricos, o una versión robotizada de Carlos Alcaraz ganando Roland Garros a su versión homónima de Jannik Sinner (bueno, en este caso tal vez no hiciera falta).
Los deportistas se unen a los biólogos, trabajadores del sector energético y los programadores, como profesiones inmunes a la IA, según Bill Gates
De esta forma los deportistas se unen al selecto grupo de trabajos que Bill Gates ha ido catalogando como «refugios seguros frente al tsunami laboral de la inteligencia artificial».
Hasta ahora, las proyecciones del empresario se habían centrado en profesiones que, según su visión, necesitarán de la supervisión humana constante, al menos durante las próximas décadas: la transición energética (orientada a frenar el cambio climático), las biociencias y la salud (para combatir enfermedades globales), y la propia implementación y regulación de la Inteligencia Artificial por parte de los programadores y desarrolladores.
Para Bill Gates la IA podrá sustituir aquellos trabajos que el ser humano hace por obligación, pero es complicado que pueda suplantar esas actividades como el deporte, no obligatorios que elegimos ver, admirar y celebrar por motu proprio.


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